viernes, 6 de mayo de 2011

Nosotros: La Justicia ; la nuestros actos como fuente de lo justo y regla de equidad.

La justicia,esta ínsita en cada norma en la diferente especie que esta asuma ; ello "el valor justicia" , que acudan al PJ poco va a cualificar de justos los intereses de algunos. La institución Judicial no es LA JUSTICIA, es tan sólo un garante , y JUSTICIA deben hacer TODOS LOS ORGANOS O PODERES DEL ESTADO Y SUS DESCENTRALIZACIONES POLITICAS O ADMINISTRATIVAS... TODOS LOS ACTOS DEBEN SER JUSTOS DESDE LOS ADMINISTRATIVOS HASTA LOS INDIVIDUALES , ES DECIR AQUELLOS QUE REALIZAMOS DIA A DIA EN ACCIONES CONCRETAS Y EN ALTERIDAD , PORQUE TODO ESTO ES FUENTE DEL DERECHO Y QUEDA EN NOSOTROS DARLE UN CONTENIDO JUSTO.
La Justicia es una relacion de proporcionalidad , es una operación que dota de simetria al cuerpo social y a las relaciones que en el marco de él naturalmente se suscitan. La cuestón esta en cuando aplicamos la regla de justicia desde nuestros actos notamos que en el cuerpo social existe en el coeficiente restante una ASIMETRIA una DESPROPORCIONALIDAD en la que seguimos bailando aún por aquellos que siguen anteponiendo mezquindades , y concentración de las oportunidades , me ánimo como jóven militante a interpelar a todos y cada uno de ellos a la reflexión... dejen a la Argentina naturalmente SER...

miércoles, 2 de marzo de 2011

Justificación del Estado: conceptos y análisis doctrinal. Desarrollo temático de Carlos Fayt. El Problema de la Justificación del poder y las doctrinas tradicionales y actuales


    El problema de la justificación del poder implica el examen racional de porque manda el que manda y porque obedece  quien obedece, a fin de determinar porque  los seres humanos deben dedicar una parte de su actividad y sujetar su conducta a  la acción del poder en el Estado. En relación con este problema se encuentran las cuestiones de la finalidad de la organización politica y la legitimidad de la autoridad como encarnación del poder en el estado.  Estas cuestiones están todas implícitas en el problema de la  justificación  del poder,  tema dominante en la Teoría del Estado, por la cuestión de la necesidad de fundamentar racionalmente el poder político, porque este se nutre y existe en función de su justificación.  Es  claro que resulta indispensable para este poder  tanto en  lo espacial como en lo personal sus caracteres de  dominante e  irresistible y el aspecto teleológico, si se quiere, que es su finalidad respecto de la realización del  orden social, acreditar las razones  de la dominación  que ejerce y de la obediencia que imperativamente exige. En  la forma politica moderna dicha respuesta se expresa en términos jurídicos el elemento modal de la estructura es la dominación legal, en virtud de lo cual el poder se  transforma en un poder jurídico, cuya existencia se justifica como  intermediario y ejecutor e interprete de la idea de derecho que tiene una comunidad determinada en un momento dado de su vida, conforme al modelo ideológico imperante  de dicha comunidad o el sistema de creencias y valores que en este ordenamiento influya.
La doctrina actual se orienta a justificar el poder:
-Por su función.
-Por el derecho.
-Por la obediencia. 
Al lado de dichas doctrinas encontramos  a las tradicionales:
-Doctrina religiosa.
-Doctrina de la fuerza.
-Doctrinas  jurídicas.
-Desarrollo de la doctrina psicológico moral.
Pero aún más tenemos a las doctrinas negativas de las anteriores (positivas): Consideran al poder como la negación más flagrante y completa de la humanidad,  que quiebra la solidaridad universal entre los hombres y asegura el dominio de unos pocos por sobre los demás. Ven en el poder un elemento explotador y violento, como una mistificación de la violencia y la explotación del hombre por el  hombre:
-Marxismo.
-Anarquismo.
1)Doctrina actual(desarrollo):
-Por su función.
-Por el derecho.
-Por la obediencia
a)La Justificación del poder por  su función (Laski): esta función radica en  la satisfacción de las demandas y  requerimientos sociales. En su realidad, el Estado nos presenta siempre el espectáculo  de un gran número de hombres   obedeciendo a un pequeño número de otros hombres, que formulan leyes obligatoriamente impuestas, no  por ser buenas o justas, o sabias, sino por la única razón de haber sido establecidas  y sancionadas por  ellos en nombre del Estado. Agrade o no la ley todos están obligados a obedecerla, so pena de castigo que la autoridad tiene en sus manos. Siempre en el seno de una comunidad nacional, una minoría participa en la conservación  y formación del Estado, y el resto de  los ciudadanos, obligados por grado o por fuerza a cumplir las reglas sociales, obedece por habitualidad psicológica. La autoridad de un Estado depende de que pueda asegurar y  realizar un orden social deseable. La posibilidad del poder de satisfacer los imperativos sociales condiciona su existencia. Cuando una demanda social se torna imperativa, actúa hasta convertirse en regla social obligatoria. Entre los motivos fundamentales de los gobernantes se encuentran los de  índole económica.  Desde un punto de vista puede considerarse como regla general la de que el carácter de  un Estado determinado sea una función del  sistema económico que prevalezca  en la sociedad en que dicho Estado rige. Cualquier sistema social se revela como una lucha por el dominio  del poder económico. Entonces el modo de  como esta distribuido el poder económico  en un tiempo y lugar determinado, imprimirá su carácter a los imperativos legales. El orden enmascara un interés  económico dominante que se asegura el beneficio de la autoridad politica. El Estado cuando  actúa, no busca deliberadamente la justicia en general, sino el interés en el sentido más amplio, de la clase dominante  de la sociedad.
Esto implica que la exclusión de la propiedad importa una exclusión del poder. Esta circunstancia se acentúa en los Estados que tienen como forma y régimen de gobierno a la democracia.  Lo cierto es que en realidad los pobres desconocen el poder que poseen , no tienen conciencia de la posesión del poder , ignoran el mecanismo de la organización y apenas se dan cuenta de lo que pueden conseguir organizando sus intereses, desenvolviendo su existencia bajo  una sensación de interioridad, en relación de dependencia perpetua a órdenes, sin posibilidad de adquirir hábitos de mando y confundiendo “las instituciones que han heredado con los cimientos de la sociedad”.  De este modo el Estado se presenta  dentro de esta consideración unilateral , como un sistema de fuerzas cuya situación varia según cómo este distribuido el poder económico…Pero ¿Porqué las reglas del Estado merecen obediencia? ¿Qué razón justifica la existencia del poder? En la politica no hay leyes naturales. No se puede colocar al poder fuera del ámbito humano, como pretenden las teorias religiosas o teológicas, o las que pretenden asimilar los procesos humanos a procesos cósmicos análogos a los de la naturaleza inanimada. De ahí que la única justificación posible del poder sea su función, es decir: “el poder sólo puede justificarse en los términos de lo que desee hacer”. “Su derecho a la obediencia debe estar cimentado en su poder de dar máximo carácter, a la respuesta de las demandas sociales. El poder del Estado se justifica por cuanto asegura, con el menor sacrificio posible, la máxima satisfacción de las necesidades humanas y la cualidad con la cual realiza esta función le da derecho a una obediencia más que puramente formal”.
Critica: Este criterio de hacer derivar la  justificación del poder por su función,  es decir por “lo que hace”, no nos proporciona  más que de modo parcial su fundamentación racional. Visto así cualquier tipo de dominación estaría justificada  siempre que asegure la satisfacción de las necesidades humanas con el menor sacrificio  posible. Esto puede admitirse como válido para las sociedades rudimentarias. Pero no satisface los  requerimientos  de una sociedad evolucionada  donde el área de conformidad sufre la presión por parte de las fuerzas  disidentes o disconformes, las cuales asumen una representación anticipada del porvenir.  Sobre todo si tenemos en cuenta que  la forma politica moderna, se caracteriza por un  conflicto permanente  entre el poder establecido y las fuerzas políticas que luchan por sustituirlo para cambiar el orden y la estructura social.  No hay dudas respecto de que la habilidad del poder para satisfacer las demandas hace a su estabilidad y permanencia, tampoco hay dudas respecto de que  la fuerza de la tradición, con toda su carga de habitualidad psicológica, convierte al hombre en un ser políticamente inerte, inconsciente de su poder. Pero este hecho no  basta para justificar la dominación que ejerce el poder, que en el Estado no actual no puede ser sino dominación jurídica.
La justificación del poder por el Derecho (Heller):
     Parte de la base de que todo poder vive de su justificación, y que cada generación se plantea como necesidad psicológica, el problema de la justificación, sostiene que no puede fundamentarse en su función social. Esa función de organización y actuación de la cooperación social-territorial explica porque existe el Poder,  pero no por qué debe existir.  Es decir, una justificación no puede realizarse en virtud de que “el poder ha existido siempre” y ello es la razón por la cual debe seguir existiendo. “Toda explicación se refiere al  pasado,  toda justificación se  refiere al futuro”, es decir que tenemos que explicar el pasado y justificar la permanencia de lo que queda aun en el presente y porque tiene proyección al futuro.
No puede decirse tampoco que algo sigue existiendo porque asegura el orden. Pero si se puede hacerlo en relación con el derecho con la función jurídica  referida  a una ordenación justa, fundada en principios suprapositivos del derecho. En  consecuencia la  justificación debe ser moral, pues el derecho adquiere la preeminencia de un valor de distribución y medida. Ese derecho no es derecho positivo, sino sus principios generales, lo universalmente valido destinado a la recta ordenación de la vida social.
Durante dos mil años, dice Heller, se justificó al poder , por la necesidad de asegurar al derecho natural suprapositivo, hasta que durante el siglo XIX , con el romanticismo Hegel y el historicismo, se abre camino a la concepción positivista que sostiene que el pueblo  y el espíritu del pueblo  son la única fuente del derecho sin establecer limitación alguna, entonces de este modo , el que se apodere del poder en el Estado, por el hecho de poseerlo puede invocar su espíritu y sentirse justificado  para representar al pueblo y darle leyes. Es decir, ejercer el poder en el Estado sin subordinación a ningún principio jurídico. Esa subordinación  del poder al derecho  que es la raíz de  su justificación y legitimidad, no se obtiene con la simple legalidad, sino con la juridicidad que emana del derecho justo. Ni la fuerza de la legalidad, ni la divinidad, ni ninguna ideología puede justificar el poder.
Esta interpretación de la función jurídica del poder en la organización politica  y su  justificación racional en estrecha relación con su legitimidad, excluye de la justificación  del poder a la postura que  únicamente se basa en la fuerza y en la arbitrariedad , y responde  a la necesidad de justificar el poder del    Estado  en su forma politica actual. El poder existe por y para el derecho  y su ámbito se restringe o se amplia, en relación directa con  la realización de un orden de vida social naturalmente justo.
La Justificación del poder por la obediencia (Bertrand de Jouvenel): parte de la premisa de que la obediencia constituye la esencia del poder. La obediencia puede ser racional o voluntaria e irracional o refleja. Se obedece  voluntaria y conscientemente, se obedece  por indolencia, por temor, por hábito.
El hombre se encuentra sometido  a un sistema de reglas que condicionan su comportamiento social, que  lo colocan en situación de subordinación, en correspondencia con el tipo de estructura del grupo a que pertenece, la división del trabajo, los hábitos  de vida y los medios económicos de que  dispone. Se encuentra inserto dentro de una sociedad doméstica, de una sociedad religiosa, y de una sociedad politica que ha modelado su conducta y definen su situación en la vida.
Desde que nace hasta que muere, usos,  hábitos, costumbres e instituciones le marcan  como debe comportarse,  que debe hacer y como debe vivir. En las sociedades primarias en los grupos comunitarios, estas formas constituyen el marco de su existencia, en cambio en las sociedades secundarias donde dominan las formas impersonales   y diferenciadas – en  la vida societaria- , esas  formas son como una especie de red que lo toman en una trama de reglas dictadas por la organización,  que se desentiende de él en la medida que su actividad no sea motivo de centro de referencia para una regulación determinada. El inmenso poder del que dispone el Estado moderno, el número de instrumentos efectivos de contralor social, y las técnicas de persuación, hacen que la dominación legal se resuelva en una serie  de actitudes mecánicas, propia de las formas de dominación tradicional.  La inercia, el hábito a obedecer, el hecho de ser más fácil obedecer que mandar, la  creencia racional en la santidad del orden  existente, sustentan con peso la habitualidad psicológica del poder. Contradictoriamente existe  un dominio  cada vez más racional de la  irracionalidad humana, que  se sirve de ella para captar  o conservar el poder. A los hombres los gobiernan los sentimientos y las creencias, no la razón y la inteligencia, y sobre esta base se opera para crear la adhesión irracional, aún en términos de sacrificio voluntario. La obediencia por conducto de lo irracional y las motivaciones más profundas, forman parte del arsenal técnico de las oficinas de propaganda de los gobiernos totalitarios y aún de las agencias encargadas de las campañas de los partidos políticos en los regímenes formalmente democráticos ¿Cuál es la imagen del hombre real? ¿se mueve por raciocinio y la reflexión , o por los intereses de clase, o por motivos irracionales? Estos interrogantes, que constituyen el núcleo de los estudios sobre el comportamiento político, deben ser contestados por la psicología social, la antropología cultural, y la sociología del conocimiento. Tema fundamental en inquietante, por su significación politica. Sobre la visión de un ser racional se edificó la estructura  politica del Estado liberal; en tanto el Estado  social y las ideologías en circulación tienen por substratum un hombre nuevo, donde lo racional está  condicionado por impulsos irracionales. De todos modos, la obediencia en todas sus formas, aparece, según esta doctrina, como la fuente de donde emana el poder.
Critica: se ocupa del poder en sí, antes que del poder en el  Estado, y que aun estableciendo científicamente las motivaciones de la obediencia, no  habría determinado las del mando, el otro término de la relación de la que es resultado el poder.  Esta postura si proporciona una justificación al por qué del poder pero no una justificación racional del mismo.
La doctrina religiosa: sus variantes:
     Dentro del sistema de doctrinas positivas de  justificación del poder de orden tradicional, encontramos en  un primer término, la doctrina religiosa o teológica, basada en el supuesto de que todo poder  proviene de Dios. Sus expositores fueron San Juan Crisóstomo, San Agustin, Santo  Tomás y Suárez, entre otros, y toman como punto de partida pasajes evangélicos, como el  de las dos espadas del Evangelio de San Lucas, La Epístola de San Pablo a los romanos y la primera Epístola de San Pedro. En su origen esta doctrina sirvió a la finalidad concreta de justificar la subordinación del Imperio al Papado, y se ha sostenido durante mucho tiempo para justificar la pretensión de supremacía del poder espiritual por sobre el temporal. Así Leon XIII en la Encíclica Inmortale Dei, refiriéndose a la eventual colisión entre las dos potencias, la espiritual y la temporal, en los asuntos concurrentes o mixtos, sostenía que Dios, que los había establecido a ambos, en su sabiduría perfecta había trazado  el camino de uno y otro, para evitar todo desorden, debiendo actuar unidas, en armonía , como la unión del alma  y el cuerpo. Si se pretende saber cual de las dos debe tener subordinada a la otra, no hay otro medio sino  el de considerar la naturaleza de cada una de ellas y tener en cuenta la excelencia y nobleza de sus fines; una tiene un fin propio  y capital que es proteger a los intereses perecederos, y la otra proveer a los bienes celestes eternos. De este argumento surgía la supremacía de la Iglesia sobre el Estado, el poder indirecto de la Iglesia por  sobre los poderes temporales, que por moderación, pero no por incompetencia, se abstiene generalmente de ejercerlo. Pero en derecho –concluía afirmando León XIII- subsiste integral  esa supremacía, que no se puede negar  a menos que se comience negando la divinidad del fundador de la Iglesia.
Las variantes de esta doctrina son:
-La doctrina sobrenatural.
-La doctrina del  derecho divino  providencial.
-La doctrina del derecho divino de los reyes.
a)Sobrenatural: Sostiene que el poder y la organización política son obras de los designios de Dios, quien confiere directamente la investidura a la persona del soberano o a la autoridad que la ejerce. Cristo en su replica a Pilatos dijo: “No tienes poder sobre Mí, pues el poder esta dado desde arriba (Juan 19:11) y San Pablo “…no hay poder que no provenga de Dios; y aquellos que lo tienen, lo tienen por el orden de Dios. Así que quien se resiste al poder se resiste al mandato Divino” (Romanos. 13:1. s.).
Esta doctrina vinculada originariamente a la investidura de los gobernantes, no tuvo mayor influencia dentro del pensamiento político de la Iglesia. Esencialmente consiste en considerar que todo poder es obra de una manifestación sobrenatural de la voluntad de Dios.
b)Doctrina religiosa providencial o de derecho divino: Con modificaciones de grado , ha dominado el pensamiento religioso. Según ella, el Estado y por consiguiente el Poder existe por obra de la providencia divina que distingue los acontecimientos y voluntades humanas. En el pensamiento agustino, el dominio del hombre por el hombre es pecado de soberbia, excepto cuando se ejerce en el nombre de Dios , en que se transforma en remedio del pecado y la caída del hombre.
Santo Tomás en “De regimene principium” después de aludir al origen divino del poder lo vincula con la naturaleza social del hombre. “El poder no se da al gobernante, sino a los pueblos, quienes delegan ese poder al gobernante”. Posteriormente este matiz aparecerá en los jesuitas españoles como Suárez que enseñaran dichas doctrinas en el Nuevo Mundo, y que por ello la orden será  aniquilada junto a toda su inmensa obra.  Estos españoles lo conciben de la siguiente forma “El poder como principio directivo de toda la comunidad deriva de la naturaleza humana y es inherente a  la propia existencia de la comunidad, quien debe delegarlo a una autoridad, cuya justificación y legitimidad  resulta del conocimiento expreso o tácito de la comunidad. La causa inmediata del poder es Dios y la causa mediata, la naturaleza humana”.
c)Doctrina del derecho divino de los reyes:  Es la doctrina sobrenatural pero ayornada a los reyes o a su servicio y también a las dinastías absolutistas. Dios, según ella, es la fuente de la que emana todo poder. Dios mismo es el que inviste de poder al monarca y a su familia de la cual saldrán sus sucesores  que gobiernan conforme al derecho divino, que tuvo en Francia a Bossuet como expositor y a Luis XIV, este último que es su máximo representante. En que consistía, bueno, en que el rey  era un ungido del Señor, como resultaba en las antiguas escrituras, y su autoridad de la que era investido mediante la ceremonia religiosa de la consagración, “una delegación de la providencia”. Decía Luis XIV en sus memorias “Está en Dios y no en el pueblo, la fuente de todo poder, y solamente a Dios le deben  los reyes dar cuentas del poder que les es conferido”. La iglesia esta excluida de toda injerencia, no ha reconocido esta doctrina.
Doctrina de la Fuerza:
     Concibe al poder como una relación de dominio de los  fuertes sobre los debiles. El Estado aparece como una simple sistematización de la fuerza, que tiene a la violencia por origen y que sólo por la violencia se mantiene sobre la fatalidad de las desigualdades humanas. La conquista , la servidumbre , de los vencidos , fue su forma primitiva. La imposición  por la fuerza oculta tras las mascaras de las leyes es su forma actual. Tales pensamientos se remontan a los sofistas atenienses como Georgias y algo se puede apreciar en Platón. Para quienes la dominación del Estado descansaba en los intereses de los poderosos en mantener la explotación de los débiles.
Para Von Haller el fundamento del Estado no es otro que la natural desigualdad entre los hombres.
Leon Duguit sostiene que en casi todas las sociedades humanas observamos  individuos que parecen mandar a otros individuos y que imponen la ejecución de sus órdenes operando por el empleo de la violencia material cuando es necesario. Los individuos que parecen mandar son los gobernantes y los que parecen obedecer son los gobernados. Se pregunta si ese poder de mandar bajo la sanción de violencia puede tener justificación y legitimidad, Duguit mismo va a decir que no “Porque jamás se podrá demostrar cómo un hombre puede tener legítimamente, en virtud de una cualidad que le sea propia, el poder de imponer por la fuerza su voluntad a otro hombre
Marxismo: El Estado expresa las relaciones de fuerza entre las clases sociales. Así Federico Engels dice “La sociedad hasta el presente, movida entre los antagonismos de clase , ha necesitado del Estado, o sea una organización de la correspondiente clase explotadora para mantener las condiciones exteriores de producción , y por tanto , particularmente para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión (la esclavitud , vasallaje y el trabajo asalariado), determinadas por el modo de producción existente”. Desde este punto de vista el Estado es el de la clase dominante, cuando desaparezca la dominación de esta clase, no hará falta el Estado que no es otra cosa que una fuerza especial de represión.
Esta doctrina resuelve identificando la fuerza con el derecho. Pero el poder no es la fuerza, por más que no exista poder sin fuerza
La fuerza se impone por razones físicas, el poder por razones morales. Hay una relación directa entre poder y fuerza resultante de su justificación: A mayor justificación menor fuerza. No hay dudas desde un punto de vista histórico que el poder no tiene otro justificativo que la fuerza. Pero esta justificación histórica no puede satisfacer a la exigencia racional de su fundamento futuro y tal fundamento no puede ser otro que su función respecto de la realización de la justicia, siguiendo a Heller, en este punto.
Las doctrinas jurídicas: patriarcal; patrimonial; la del contrato social.
     Las doctrinas jurídicas tienen como base la consideración del Estado como producto del Derecho, justificando al poder como institución derivada del derecho de familia (teoría patriarcal), del derecho patrimonial (teoría patrimonial) y  del derecho contractual (teoría del contrato social).
a)La teoría patriarcal: que podría exhibirse como curiosidad histórica , pretende que el Estado deriva de la familia no siendo otra cosa que una gran familia. Los gobernantes como padres de esa gran familia. Tienen el derecho a la obediencia por parte de los gobernados , y el deber de defenderlos, asegurándoles seguridad y bienestar. Robert  Filmer , uno de sus expositores, en su libro Patriarcha or the Natural Power of the King , para justificar el desarrollo de los Estuardos en su lucha con el Parlamento Inglés, se remonta a Adán, a quien considera rey del género humano  haciendo derivar de él , al poder de los reyes.  Alergon Sidney y John Locke  demostraron en Discourses concerning government y en Two treatises on civil government, respectivamente la falacia de la teoría patriarcal, resaltando el elemento consensual existente en la civilización judaica, y en los pueblos de la antigüedad.
b)Teoria patrimonial: justifica al poder como un derecho de propiedad o poder de propiedad.  Lo hace sobre la base de que el orden de la propiedad es anterior al Estado, y la función del Estado está referida a la protección de la propiedad. En definitiva no es más que un matiz de la teoría de la fuerza, pues el dominio territorial y las relaciones que surgen de dicho dominio  , resultan o se expresan en términos de fuerza económica. Por otro lado ese carácter se expresa en lo expuesto por uno de sus más  vigorosos representantes C.L Von Haller, quien sostuvo que  la propiedad ha sido anterior a todas las leyes humanas y que a menudo subsiste sin las mismas.  Señala que no hay un solo Código que haya introducido u ordenado la propiedad, por ello la propiedad no ha nacido del Estado, sino éste de ella. Entonces la propiedad aparece, conforme a esta teoría, como anterior a todas las leyes humanas y que a menudo subsiste heredada. Esto y sostener que la esencia del Estado consiste en servir al mantenimiento de la propiedad de los económicamente poderosos frente a los desheredados, es la misma cosa. Una formulación semejante del Estado no justifica su continuidad futura; es una invitación a su destrucción.  Cuanto menos, a que los expropiados se transformen en expropiadores[1].
c)Teoria del contrato social: es la más importante de las teorias jurídicas , justifica al poder y al Estado como producto  de la libre voluntad contractual de sus miembros, poniendo al  consentimiento como fundamento racional de la existencia del poder.
Es  una doctrina moderna, cuyo primer expositor  fue Richard Hooker , en 1594 en “The Laws of Ecclesial Polity”.  A su respecto Jellinek, señala que en la Edad Media no podía caerse en el pensamiento herético de suponer al individuo como soberano, fuente de todo poder , y ni que Althusius (Politica en  1625) como pretende Gierke ; ni Grocio  se pueden considerar fundadores de la teoría, pero si Hooker. Con Thomas Hobbes se inicia la historia científica del contrato social como fundamento jurídico del poder y el Estado. Rechazando la teología y partiendo del ser y de sus elementos naturales, deriva todas las relaciones sociales de las propiedades de la naturaleza de los individuos. En “Leviatán” distingue dos géneros de estados: un estado natural , fundado históricamente  y basado en las relaciones de la fuerza y un Estado racional. Ese estado natural o de naturaleza es construido mediante la supresión hipotética del Estado, y se encuentra dominado por la guerra  del todos contra todos a causa del egoísmo individual que determina las acciones. El egoísmo produce el temor y del temor nace el deseo de paz y esta puede lograrse si todos entre si conciertan un contrato de unión, cuyo contenido sea el sometimiento de todos a una voluntad. Mediante ese contrato el estado de naturaleza se convierte en Estado civil y aparece El Estado. No el señor o soberano (que puede ser un individuo o una asamblea), sino los individuos forman el contrato. El señor no es parte contratante. Quien se subleva comete el más grave crimen porque lo hace respecto de todos los demás, rompe con los demás.
Jellinek dice que se ha querido demostrar por parte de Rehm, que en Hobbes el origen del Estado esta en dos contratos. No  es así porque Hobbes ni jurista y mucho menos romanista  ignoraba que la simple traslatio iuris aceptada por otra parte genera un contrato. Para Hobbes, por ende , no hay relación contractual entre señor y súbditos. El rigor de su pensamiento sobre la base de la indeterminación histórica de la aparición del Estado, lo conduce a la racionalización del hecho de la fundación, al que reconoce en la realidad histórica, producto de la fuerza.
La idea del contrato es recogida  por la escuela del derecho natural. Puffendorf lo divide en tres etapas: a)un contrato de unión , por medio del cual se constituye el pueblo , b)un decretum por el cual el pueblo adopta una forma de Estado, y c)un contrato de sujeción en cuya virtud se transfiere el poder al soberano. Estas  distinciones tienen un claro sentido histórico, pues la forma politica y la organización del Estado se independizan de las dinastías dominantes. Puffendorf parece  ser el  único expositor de la teoría del contrato social que  mezcla lo histórico con lo racional , pues llega a considerarlo origen histórico del Estado.
Locke también supone un estado de naturaleza o pre político, donde los hombres , en goce pleno de sus derechos naturales viven en completa libertad natural.  A efectos de garantizar sus derechos a la vida , a la libertad , y a la propiedad privada se asocian   y forman el Estado.  A su juicio, siempre que cualquier numero de hombres se junten en sociedad y abandonen su poder , es decir el que les fue conferido por el derecho natural,  y lo depositen en el poder público, existirá sociedad civil o politica. Esto ocurre cualquier vez que cualquier número de hombres dejando el estado de naturaleza, ingresan en la sociedad para formar un pueblo y un cuerpo político bajo un gobierno supremo. Ello autorizara al poder a someterle a la ley que el bien público de la sociedad demande.
Diferencias entre Hobbes y Locke: personalmente este cuadro responde a una de las clásicas preguntas que se hacen al hablar del contractualismo, por  lo que recomiendo que se preste especialísima atención, no  obstante la brevedad:
Thomas Hobbes.
John Locke.
En el status naturalis la ley es la fuerza y el derecho  lo es en la medida de que se posea fuerza para tenerlo, por eso también habla  de la imprevisibilidad constante y que las ciencias y las artes y la propiedad se dan en el estado civil.
No distingue entre sociedad y  gobierno; el contrato social, que saca a los hombres del status naturalis de guerra de todos contra todos donde el hombre es el lobo del hombre, es un  contrato de cada uno con todos, cuya causa final es el cuidado de la propia conservación, abandonando los individuos la condición de guerra, consecuencia necesaria de las pasiones naturales de los hombres.  Estos confirieron todo su poder   y fortaleza  a un hombre o asamblea de hombres. Es una enajenación de derecho y facultades que no revierten o  sea que no vuelven a los individuos, y que  constituye la substancia del poder absoluto y soberano del Estado. Esta es la justificación al absolutismo.
Se encuentra en él la distinción entre sociedad y gobierno, aun en el estado de naturaleza obran como seres sociales cuya conducta se encuentra regulada por el derecho natural.
El contrato social, no es obra de la enajenación o transferencia de todos los derechos , sino de la delegación del derecho de seguridad y tiene por fin preservar la vida, la libertad y la propiedad privada.
No es un contrato general sino limitado  pues no  está destinado a proporcionar poder a un órgano determinado sino  a hacerlo residir  en la comunidad y con la finalidad de proteger los derechos naturales. El contrato en Locke es el  fundamento del Estado liberal, cuya finalidad suprema es la tutela de la triada: vida, libertad y propiedad individual.
Con Juan Jacobo Rosseau el contrato social se convierte en la base teórica del Estado democrático.  Partiendo de la idea de un estado de naturaleza en el que los hombres viven felices, sin egoísmos ni luchas, edificado sobre la bondad natural de los individuos, libres e iguales, concibe al contrato social como único fundamento necesario de la sociedad politica que se hace indispensable cuando la civilización destruye a ese estado de naturaleza. Como la libertad es irrenunciable, sólo por un acto de voluntad los hombres se colocan bajo la dirección de una voluntad general formada por la comunidad. De este modo, la voluntad del individuo forma parte de la voluntad general y permanece sometido sólo a si mismo, con lo que conserva su libertad aún dentro del Estado. El contrato social es a su vez contrato de sujeción  y el hombre al  formar parte de la sociedad civil entrega todos sus derechos, pero los recupera ampliados como  participe de la voluntad general. Como consecuencia de esto: a)la voluntad general es indelegable, indivisible e inajenable ,b)el objeto de la voluntad  general es la ley, c)el objeto del gobierno es la ejecución de las leyes.
Es necesario dejar establecido que Rosseau no  considera al contrato como  origen histórico del poder y del Estado, sino como la justificación racional de su existencia. Las ideas de voluntad politica e igualdad politica  que constituyen el núcleo de pensamiento de Rosseau en “El Contrato social” , intrínsecamente revolucionarias , han fluido en  la configuración de la sociedad politica contemporánea. Las críticas que se formulan a su  doctrina ocultan en realidad  posiciones adversas a la igualdad politica y al principio de que todo poder político proviene del pueblo , esto es la soberanía del  pueblo.
Kant elevó el contrato social a la categoria de hipótesis racionalmente cierta. Sostiene que el acto por el cual el pueblo se constituye a sí mismo por Estado, según la única manera de ser pensado conforme a derecho, es el contrato originario, mediante el cual todos renuncian a su libertad en  el pueblo para volver a tomarla como miembros de un ser común, esto quiere decir del pueblo considerado como Estado.
Señala que en vano es tratar de rastrear las  huellas históricas de este mecanismo, porque no se puede remontar a los inicios de la sociedad civil. Pero no hay dudas de que el contrato social no  constituye el origen histórico,  ni la causa determinante del poder y  del Estado,  pero tampoco puede haberla respecto de su importancia para justificar el origen de la obediencia desde un punto de vista racional. La voluntad individual, el consentimiento, constituyen en esencia la única base posible de la  convivencia humana.
Doctrina psicológico-moral: Justifica al poder y al Estado como una necesidad moral. Hegel su más prestigioso expositor, atribuye al Estado valor de realidad moral. Sostiene que no interesa a la Idea del Estado la cuestión  del origen histórico del mismo, es decir el saber si este proviene de las relaciones patriarcales, del miedo, de la desconfianza, de la cooperación. Tampoco interesa saber como   ha sido asegurada y establecida la base de sus derechos en la consciencia. Tampoco interesa saber como ha sido asegurada y establecida  la base de los derechos en la consciencia, si por derecho divino, positivo o por  contrato. El análisis filosófico no se ocupa sino de la interioridad, del “concepto pensado”. En el descubrimiento de ese concepto Rosseau tuvo el mérito de haber establecido un principio que no sólo en su forma sino también en su contenido es intelectual: ha tomado como principio del Estado “la voluntad”, que es el pensamiento mismo. Sólo que para él,  la voluntad no existe sino  en la forma determinada de la voluntad individual, según él la voluntad general no existe como racionalidad sino como elemento consciente. El contrato tiene así como fundamento el libre arbitrio, la opinión y el asentimiento voluntario y explicito. Este principio ha destruido “lo divino”, su autoridad y majestad absoluta.  Más aún, ha llegado al  poder y traído el más formidable espectáculo  que hayamos conocido en la existencia del hombre: la fundación de un gran Estado  comprendida desde el principio  por el pensamiento; la voluntad de darle como base solamente lo racional. Contra el principio de voluntad individual es menester recordar, dice Hegel, el concepto fundamental de que la voluntad objetiva es lo racional en sí, independientemente del hecho de que sea deseada o reconocida por la voluntad individual. La idea del Estado existe como realidad inmediata, pero como idea general el Estado es el espíritu  que en el proceso de la historia universal se da su realidad. Es decir, el poder de la razón, realizándose como voluntad.
Por último la doctrina psicológica, justifica al poder  y al Estado por tendencias e instintos sociales del ser humano. Es la concepción de Aristóteles, que hace del hombre un ser naturalmente político y del Estado una asociación  que “nace en vista de la vida, pero existe de hecho en vista de una vida bien organizada”. El Estado, no sólo es conceptual sino históricamente, desde esta perspectiva se nos presenta como una forma necesaria de comunidad humana, que encierra la escencia de la consciencia en una unidad completa. En realidad, la doctrina psicológica se enlaza con la  doctrina moral, pues son motivos psicológico-morales los que hacen que el hombre deba vivir en sociedad.
Teorías negativas o negatorias del poder: Marxismo, Anarquismo y sus matices: Anarco-Individualismo, Anarco Socialismo y Anarco Sindicalismo.
    Las teorías estas a los efectos de su sistematización pueden resumirse en dos:
a)Las que sostienen que el Estado en cuanto a organización del Poder se extinguirá (Marxismo)
b)Las que lo consideran como una ficción que encubren la opresión por la fuerza , de una minoría por una mayoría, cuya supresión liberará a la sociedad de la desigualdad y la injusticia (Anarquismo).
Marxismo:
Engels: En el Anti-During, afirma que cuando el Estado se convierta en el representante de la sociedad, será por sí mismo superfluo. Cuando no exista ninguna clase social a la que haya que mantener en la opresión, cuando desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual –que viene de los productores anarquistas- los choques y excesos de esta lucha, no habrá ya nada que reprimir ni hará falta por ende , la fuerza especial de represión que es el Estado. El primer acto mediante el cual el Estado se convierta en representante de la sociedad estará en la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, será a la par su último acto independiente como Estado. El estado será abolido, no se extinguirá.
Marx: En toda forma  social se produce cierta organización que constituye el gobierno o el Estado de dicha forma social. Esa organización, poco a poco, acaba por devorar la sociedad sobre la cual vive. Marx dice “ese poder ejecutivo, con su monstruosa organización burocrática y militar, con su mecanismo complejo y artificial, con un ejercito de funcionarios…al lado del ejercito de soldados, espantoso cuerpo parasitario, que como una membrana reticular, se enrosca alrededor del cuerpo de la sociedad…”   y en la carta sobre el programa de Ghota, hacia consistir la libertad en el hecho de que el Estado “de órgano de supremacía sobre la sociedad, llegue a ser subsidiario de la sociedad”. La tesis de la desaparición del Estado por el agotamiento de su función de instrumento de intereses de clase constituye el núcleo de la posición negativa del Poder por parte del marxismo. La experiencia histórica ha venido a demostrar en este aspecto la falacia de esta doctrina.
Anarquismo y sus mátices:
Propiamente dicho: En cuanto al anarquismo, su posición es negativa del Poder y no del Estado, si concebimos a este como una forma de vida ordenada, toda vez que la anarquía no es ausencia de orden sino de fuerza. La imagen de una sociedad libre y justa significa, como concreción del ideal anarquista, la supresión de toda coacción exterior y el imperio de una coacción interior, consciente, voluntaria y libre.  La negación de la autoridad, la negación del Estado son temas recurrentes en los escritos anarquistas. Pero parte de una visión optimista de la naturaleza humana, de la evolución social y cree en la gradual pero segura perfección del espíritu humano.
Lo que dice Getell , al decir que el anarquismo propone fundir los ideales del liberalismo , y del socialismo que son las dos grandes corrientes sociales del siglo XIX , tomando del primero su desconfianza y menoscabo del Estado y su entusiasmo por la iniciativa individual, y del segundo la condenación de la propiedad privada , fuente de la explotación que sufren los trabajadores. La libertad sin el socialismo –según Getell- constituye un privilegio, y el socialismo sin la libertad es el camino de la autocracia y la esclavitud.
El anarquismo puede dividirse, por sus fines y por sus medios:
a)Por sus fines:
Individualistas: El pensamiento anarco individualista tiene su precursor en el Clérigo Inglés Guillermo Godwin, quien en su libro Political Justice, deposita su fé en la educación y cultura como instrumentos de la liberación del hombre de todo poder coactivo. Por este medio, llegará un momento en el que las leyes sean innecesarias, no existirá autoridad ni propiedad privada. Los individuos libres de toda sujeción, según los imperativos morales de  su propia conciencia, edificarán una sociedad sin cadenas.
Max Stirner (1806-1856): Es el mayor representante  de esta corriente, su nombre era Jean Casper Schmidt, y utilizo el seudónimo de Striner, en virtud de considerar su trabajo en un colegio de niñas como impropio de un verdadero anarquista. En su libro El Único y su propiedad exalta la más absoluta libertad individual como la suprema finalidad de la vida humana, postulando un individualismo casi salvaje que se denota en frases como “Yo mismo soy mi causa” y “Yo no soy ni bueno ni malo”, hay cierta amoralidad en sus pensamientos. Consideró a la sociedad como una agrupación de egoísmos, fue un reformador social y critico de la sociedad capitalista. Se mostró partidario de las cooperativas y los sindicatos.
Pierre Joseph Proudhon: El pensamiento anarco socialista lo tiene como precursor no le agradaba que se lo considerara un anarquista ya que dicha palabra se vinculaba a actos de violencia, el prototipo de este hombre era de reformador pácifico. Publica en 1840 su famoso trabajo ¿Qué es la propiedad? Donde sostiene la igualdad natural entre los hombres y el derecho de todos al producto de su trabajo, no sólo al salario. La retención que se le efectúa al  trabajador de una parte de ese producto, por el terrateniente o el patrón la considera –en forma de renta,  interés o ganancia- la considera un robo y la propiedad así acumulada es el producto de dicho robo. De ello deduce que los capitalistas y terratenientes constituyen una clase parasitaria e inútil. La apropiación de la propiedad privada es una forma de esclavitud de la que emanan las desigualdades sociales. Para sostener esa usurpación y mantener a los hombres sometidos a esa explicación, se instituye el gobierno como encarnación del poder en el Estado, cuya substitución por un sistema cooperativo y pluralista restituirá la libertad en una sociedad más justa.
Anarquismo colectivista:
Mijail Bakunin (1814-1876): Primer dirigente teórico del anarquismo colectivista, no solo hizo del anarquismo un movimiento internacional organizado sino que lo identificó con la violencia. Sostiene que el Estado es la negación más flagrante de la humanidad que debe devorar para no ser devorado, conquistar para no ser conquistado y esclavizar para no ser esclavizado. Rompe la universal solidaridad de los hombres y asocia a una minoría para destruir y esclavizar a los demás.  Piensa que debe ser substituido por una comunidad internacional de millones de trabajadores. Y sobre la ruina de los Estados nacionales debe constituirse un Estado internacional compuesto por millones de trabajadores. Estas ideas lo llevaron a disentir con Marx y Engels, a quienes tildó de socialistas de Estado por el proletariado que llevaría a su juicio otra tiranía. Ejercieron sobre él influencia  Feuerbach, Proudhon y Weitling y actuó en la primera internacional, fundada en 1868 de la que fue expulsado en 1872, en el congreso de la Haya. En  1873 funda la Asociación Internacional de Trabajadores, de neta esencia anarquista con grupos  franceses, italianos y españoles.
Entre sus obras se cuenta el Catecismo de un revolucionario, escrito en colaboración con otro ruso Netschajew que es un verdadero manual de la acción sediciosa donde el fin de la revolución santifica los medios, va desde la traición hasta el terrorismo de los jefes de Estado. Durante 30 años el accionar de este tipo de anarquismo constituyo un horrendo terrorismo cuyas victimas pueden citarse al zar Alejandro III de Rusia , al rey Humberto I de Italia , al presidente americano Mackinley. Escribió Estado y Anarquía y Dios y el Estado. Consideraba a Marx un autoritario de los pies a la cabeza carente del instinto de la libertad.  Su éxito era la habilidad de ser escuchado, tal es así que era un ruso que no poseía más fortuna que su espíritu y su voluntad, podrá haber atado los primeros cabos del movimiento obrero internacional, ligando a países como España, Italia y Rusia. Debió pasar los mejores años de su juventud purgando sus  hazañas revolucionarias en las cárceles de Sajonía, Austria y Rusia y en las estepas siberianas. Es un voluntarista y no un historicista. Creía en la acción de los pequeños grupos como ejecutores de la revolución. Este pensamiento influyó en Lenín. Murió en 1876.
Pedro Kropotkin (1842-1921): Fue discípulo y epígono de Bakunin, sus obras La Anarquía: su filosofía y su ideal; La moral anarquista; La conquista del Pan , Palabras de un Rebelde y La ayuda mutua. La clave de su pensamiento radica en la fé de su solidaridad espontánea como fuerza de la cohesión de la vida humana capaz de desarrollarse en una pluralidad de asociaciones voluntarias que substituyan naturalmente al Estado. Propicia un anarquismo de comunas. Influyó en el Movimiento de la Juventud Alemana y luego el las comunas de colonos de Israel.
En uno de sus libros El Estado su rol histórico se pronuncia respecto a lo que se debe considerar Estado y descalifica a la escuela alemana y francesa diciendo que no pueden concebir la sociedad sin concentración estatal y por eso estas le reprochan al anarquismo querer destruir la sociedad.
Dice que razonar así es ignorar los logros que el hombre tuvo cuando no existía el Estado , dice que en esos momentos las libertades de la vida local no estaban destruidas por el Estado y que esos hombres vivían en municipios o federaciones libres.
El Estado para él es la triple alianza constituida  por el jefe militar , el juez romano y el sacerdote. Los tres forman un seguro mutuo para el dominio , los tres se unen en un mismo poder que ordenará en nombre de los intereses de la sociedad , y aplastará a la sociedad. Es de hacer notar que Kroptkin después de la revolución de febrero de 1917 volvió a Rusia y apoyó a Kerensky no a los Bolcheviques, de cuyo programa dictatorial no participó.
León Tolstoi (1828-1910): Es la contrafigura, dentro del anarquismo colectivista de Bakunin. Su punto de partida es el cristianismo, el amor al prójimo que de aplicarse en su originaria pureza tornan innecesario el poder y las leyes.
Esto se debía realizar mediante la resistencia pasiva, no pagando impuestos  , no prestar servicio militar , negándose a obedecer las leyes y los tribunales. Decía que la sociedad futura no resistiría la desigualdad entre los hombres. Fundadas en el bien y el amor las relaciones de trabajo serán espontáneas y libres. El trabajo quedará reducido a lo indispensable para la vida y será fundamentalmente manual , simplificando la división del trabajo y la producción de bienes necesarios para la existencia.
La idea central de resistencia pasiva será llevada a cabo dentro de otras circunstancias históricas por Ghandi.
Anarquismo en los albores del siglo XX: Adquiere una matiz sindicalista que lo hará políticamente operante. Ya no intentará un retorno a las formas comunales puras, precapitalistas y pretecnicas, partiendo se la base de que el progreso industrial no sólo era irreversible sino indispensable para el mejoramiento de la vida humana, si se organizaba bajo formas socialistas y se organizaba bajo formas de libertad y plenitud humanas , hace su aparición el sindicalismo revolucionario. El sindicato proviene del término en francés “syndicat”, deja de ser el núcleo obrero basado en la unión de los trabajadores para obtener mejores condiciones de trabajo dentro del orden social imperante , y se transforma en el instrumento de lucha revolucionaria para buscar la destrucción de la sociedad capitalista. Para ser la herramienta de lucha política del movimiento obrero organizado.Buscándose lograr un socialismo sindical con asociaciones sindicales, con un órgano común que es el congreso sindical. No obstante ser en cierta medida, una síntesis de anarquismo y marxismo, el sindicalismo debe enrolarse dentro de los movimientos no marxistas. El corporativismo fascista constituye la antítesis del sindicalismo.

   


[1]  Franz Oppenheimer, en L` Etat  comienza haciendo un resumen  rápido de las teorias políticas a las que denomina  “de clase”, para establecer a su juicio todo lo que el Estado no es.  “El Estado, no ha sido concebido, dice por  la necesidad de la naturaleza” como sostuvo Platón y no es  “un producto de la naturaleza como lo quiso Aristóteles”. También es falso que se haya desarrollado por el instinto de sociabilidad. El Estado no es “un gobierno de muchas familias y de lo que les es común con poder soberano” (Bodin); y no está  tampoco constituido para poner fin a la guerra de los hombres contra los hombres como ha asegurado Hobbes y otros muchos después de él.  El Estado no es resultado de un contrato social, como mucho tiempo antes de Rosseau han querido Grotius, Spinoza y Locke. ¿Qué es el Estado en sentido sociológico? El Estado es , por completo en cuanto a su origen, casi  por completo en cuanto a su naturaleza durante las primeras etapas de su existencia, una organización social impuesta por un grupo vencedor a un grupo vencido. Organización cuyo único fin es reglamentar el dominio del primero sobre el segundo defendiendo su autoridad contra las revueltas interiores y los ataques exteriores. Y este dominio no ha tenido jamás otro fin que la explotación económica del vencido. Hemos transcripto a Oppenheimer como claro expositor de la teoría de la fuerza y justificación del poder y el Estado.


jueves, 24 de febrero de 2011

Naturaleza del Estado: Conceptos y análisis Doctrinal


                        TEORIA DEL ESTADO

Bibliografía utilizada: “Derecho Político-Tomo I” Carlos S. Fayt (La Ley).
“Introducción a los Estudios Políticos”, Mario Justo López (Depalma).
“Manual de Ciencia Politica”, Caminal Badía (Tecnos, España).
“Derecho Político”, Germán Bidart Campos (Astrea).
Naturaleza del Estado: Conceptos y análisis Doctrinal (Desarrollo temático del Dr. Carlos Fayt).
    El Estado es la organización del poder político dentro de una comunidad; una forma de vida social políticamente organizada. Esa organización no pertenece al reino de la naturaleza,  sino al del  espíritu. Es producto de la cultura y de la interacción humana.
La interpretación del Estado como un hecho o un fenómeno de la naturaleza condujo a investigar su constitución natural, sin percibir que podía tratarse de un  fenómeno cultural, de una creación humana,  el problema consistía esencialmente en determinar su sentido y significación.
Hasta el momento de su formación  institucional, los grupos humanos se desarrollaron políticamente amorfos. Las comunidades gentilicias carecían de un poder político claramente concebido, no tenían organización política. En ellas, el poder es familiar, social o religioso, pero  no político. El poder del jefe  de familia sobre el  conjunto familiar, que nos lleva a la vida de la tienda, al  momento  histórico en que el hombre era una tribu y los hijos se reconocían en su padre, era poder  social o  religioso pero  no poder político.  La concepción clásica que intentó hacer  derivar la autoridad política de la autoridad paternal no resistió la crítica de Locke  en  el primero de sus ensayos del gobierno civil, toda vez que los reyes y los senados de las antiguas ciudades eran producto del consentimiento , como expresión de la voluntad común. Lo mismo puede expresarse respecto de la concepción iroquesa o matriarcal que hizo residir en la mujer la autoridad real, pues por más que en su sangre se fundara el derecho de sucesión,  en el mejor de los supuestos lo transmitían pero no ejercían la autoridad política.
En cuanto al  poder religioso, que hace remontar al culto totémico  de los grupos primitivos. Como fundamento de la autoridad mágica ejercida por  los más ancianos como instrumentos de enlace con las fuerzas mágicas   sobre naturales o invisibles ; o la teoría frazeriana de la aparición de  la  aparición de la jefatura suprema como dominador carismático o numérico de las fuerzas amigas y enemigas del grupo; o bien como simple extensión del  poder del  jefe de familia  encargado del culto domestico , no son resultado de una relación política, donde el mando y la obediencia están determinados por las reglas comunes con miras a la conservación o transformación de un orden social prefijado. Ese poder es tributario del culto, de la estructura del miedo o lo  sobrenatural, no de una distinción clara entre gobernantes y gobernados.  
Debemos dejar establecido que el Poder, en cuanto probabilidad de obediencia, es un fenómeno social, una relación del hombre con el hombre, una situación del hombre frente a los hombres. En la sociedad existen una infinidad de Poderes, tanto como relaciones de obediencia o subordinación se  dan  en su  seno.   Existen poderes familiares, sociales, económicos , religiosos , culturales, entre otros. De  entre esa constelación de poderes  que forman la trama de la vida social toma el nombre el poder político el que tiene probabilidad de recibir obediencia por todo un grupo social, con  el  fin de imponer un orden de convivencia,  con fuerza suficiente para regular la conducta individual y  social. En general, es el poder político todo poder de autoridad o dominación, denominándose poder estatal a la expresión suprema del  poder político.   Este poder se encarga en un hombre o en un grupo de hombres, en algunos momentos históricos se delegó más en  un hombre, en otros en la asamblea, o  en la asamblea para que controle a ese hombre, pero no obstante la delegación vista en sus diversos entornos o  coyunturas , podemos decir que poder es “potencia o fuerza  organizadora de la vida social”.
Histórica y  conceptualmente, el poder político es creación humana. La  organización política no es una formación natural ni un organismo, sino una formación cultural, en cuya génesis  han gravitado elementos naturales  y culturales que  lo hicieron posible y necesario.
Clasificación de las concepciones sobre la naturaleza del Estado.
    Son distintas las concepciones que se han formulado para explicar la naturaleza del Estado:
-Se ha  intentado considerarlo como un hecho.
-Como una relación de dominación.
-Como un organismo  natural.
-Como un organismo Ético-Espiritual.
-Como una unidad de asociación o de acción.
-Como  una relación jurídica de la cual se lo considera sujeto.
Hay quienes sostienen que  su causa primera consiste en una exigencia de la naturaleza humana, en tanto que otros afirman que es un producto de la libre voluntad de los hombres, que su génesis obedece a fuerzas que están por fuera de la sociedad; que es la sociedad la que obliga al hombre a someterse al Estado, o que el hombre se somete al Estado por deliberada voluntad, en fin que el Estado es un organismo natural, o  bien un mecanismo, una creación artificial. Estas divergencias conceptuales tienen su origen en la circunstancia de no percibir  con claridad la distinción que separa lo natural de lo cultural, confundiendo la sociedad con el Estado, en no comprender sino la realidad exterior del Estado, lo objetivo del fenómeno estatal,  referido a la interioridad humana.
Estas concepciones o teorias pueden clasificarse , según consideren que el Estado es una formación natural, o una  formación artificial, o que admitan ambos aspectos , en 1)orgánicas; 2)mecánicas , y 3)intermedias; y según consideren al Estado un modo predominantemente externo o predominantemente interno en : 1)objetivas y 2)subjetivas. Todas ellas, en esencia implican una toma de posesión respecto de la estructura de los grupos sociales y la organización política.
Concepciones orgánicas:
      Consideran al Estado como un organismo, una formación natural  independiente de la voluntad individual, se caracterizan por no diferenciar claramente tanto los fenómenos sociales como  los fenómenos políticos. Sorokim ha señalado que entre las  concepciones básicas de una sociedad es posible distinguir  cuatro tipologías principales:
-concepción mecanicista de la sociedad: como una especie de sistema mecánico.
-concepción nominalista o atomista: sólo ve individuos en  la sociedad y no reconoce en ella  ninguna realidad supraindividual.
-concepción orgánica: contempla  a la sociedad como una unidad viva , reconociendo en ella una realidad supraindividual, un origen natural y una existencia espontánea.
-concepción funcional:  no  se preocupa por si la sociedad es un mecanicismo o  un organicismo, natural o  artificial, sino que trata de verla como un sistema de individuos interrelacionados, presentándose como una síntesis del nominalismo y el realismo sociológico.
El organicismo puede clasificarse  en:
-Organicismo filosófico: concibe a la sociedad como una realidad supraindividual, como una unidad de vida originada espontáneamente,  y sometida a “leyes naturales”. Pero no traza comparaciones entre la sociedad y los organismos   biológicos, ni ve en la sociedad un  “alma”, ni una “voluntad”, ni una “mente” social.
-Organicismo psicosocial: no sólo concibe a la sociedad como una realidad supraindividual sometida a “leyes  naturales” y  originada espontáneamente, sino que afirma que “la sociedad es un organismo supraindividual con ideas, representaciones, mentalidades y voliciones”. Este tipo de organicismo está representado por la escuela sociologista.
-Bioorganicismo social: concibe a la sociedad como un organismo biológico, como una realidad vigente y natural, sometida como todo organismo a leyes  biológicas, que regulan su realidad física, sus procesos vitales de funcionamiento y desarrollo.
Organicismo moral, psicosocial y biorganicismo:    
     La idea de que la sociedad es un producto del crecimiento natural, y la comparación entre el Estado y un organismo, particularmente con el cuerpo humano o con facultades del espíritu humano; se remontan al origen mismo del pensamiento social. Platón , que en su República supone un paralelismo entre las facultades del espíritu humano, razón , voluntad, y pasión , con los miembros de su Estado ideal, confiere el gobierno a la potencia reflexiva (magistrados o filósofos) , el  cuidado del orden y de la defensa que es la potencia volitiva (guerreros)  y la satisfacción de las necesidades a la potencia emocional (artesanos). Otro tanto puede decirse de Aristóteles, en La Politica donde alude que el Estado no sólo es anterior a la familia y al individuo, sino que extrae de la relación entre el alma y el cuerpo la justificación de la esclavitud, utilizando analogías entre las facultades humanas y de la sociedad. El organicismo de ambos, se puede denominar “organicismo moral”.
En Roma  Cicerón, Séneca, Tito Livio, entre otros, encuentran similitudes entre el desarrollo y el proceso de la vida humana y el proceso político de las sociedades. Menenio Agripa  llega al extremo de comparar en el apólogo a los patricios con el estomago y a los plebeyos – en ocasión de la rebelión del monte sacro , que traería a la lex Poetellia Papiria como resultado que aboliría el nexum- con  el resto del cuerpo que hace lo suficiente para alimentarlo.  Si los miembros se negaran a alimentar al estómago, éste cuerpo moriría, entonces aquellos con estos constituyen una unidad inescindible.
En la Edad Media, la concepción organicista se encuentra influida por el pensamiento de San Pablo de que la Iglesia era el cuerpo místico de Cristo y es frecuentemente  que escritores como Juan de Salisbury, Nicolás de Cusa, y Campanella utilicen analogías organicistas.
Durante la Edad Moderna, particularmente en los siglos XVII Y XVIII, el organicismo cede paso al mecanicismo. Pero aun quedan resabios en mecanicistas  de la talla de Hobbes, quien concibe al  Estado como un “hombre artificial”. En la introducción de El Leviatán , dice: “Por arte se ha creado el gran Leviatán , llamado República o Estado, en latín Civitas, que no era otra cosa que un hombre artificial, aunque de mayor estatura y fuerza que el natural, a cuya protección y defensa estaba enderezado, y en que la soberanía es un alma artificial, puesto que da vida y movimiento a todo el cuerpo; los magistrados y oficiales de justicia , articulaciones artificiales ; la recompensa y el castigo son los nervios, la riqueza de todos los miembros particulares es la fuerza; la seguridad del pueblo , es el negocio; los consejeros ; la memoria , la equidad y las leyes son  una razón y una voluntad artificiales; la concordia , salud, la sedición enfermedad; y la guerra civil , muerte”.
La concepción organicista adquiere nueva fuerza al comienzo del siglo XIX, con Burke, De Bonald, De Maistre, Fichte, Schelling, apartir de entonces con Ahrens, Saint-Simon, Comte, Lorenz Von Stein , Gierke y  Zacharie.
Herbert Spencer, típico exponente del biorganicismo social,  sostiene que  las sociedades concuerdan con los organismos individuales  en cuatro particularidades:
-Comenzando por pequeños agregados, van aumentando insensiblemente en masa.
-En un principio son tan sencillas de estructura  que se podría considerar que carecen  de ella, y asumen en el curso de su desarrollo, una complejidad  de estructura que va  aumentando sin cesar.
-La vida de la sociedad es independiente de cada una de las vidas que la componen y mucho más prolongada que la de estas, cada una de ellas nace , crece , trabaja ,  se reproduce y  muere , mientras que el cuerpo político , compuesto de ellas , sobrevive de generación tras generación ,aumentando en masa , en perfección de estructura y en actividad funcional.
Lilenfield ha sostenido que “la sociedad humana, como los organismos naturales, es una entidad real. No es más que la continuación  de la naturaleza, una manifestación más elevada de las mismas fuerzas que descansan en la base de todos los fenómenos sociales”. Spencer en algún sentido hace lo propio señalando a la sociedad como un sistema de alimentación, el vascular, circulatorio y nervioso de los organismos, toda vez que así como el tejido es un complejo de células, el órgano un complejo de tejidos,  y la persona un complejo de órganos, la sociedad es un complejo de personas.
Schäfle  , para quién el ejército, la policía, las técnicas sociales no son más que tejidos  que protegen el organismo social; Novicow, afirma que desde el momento en que la sociedad está compuesta por seres vivos no puede ser más que un ser viviente gobernado por una “elite” cuyos miembros son verdaderas células sensitivas en una sociedad.  Worms dijo que no obstante las diferencias que existen entre la sociedad y los organismos no son suficientes como para dejar de concebir a la sociedad como tal.
Resulta de sumo interés la concepción de Bluntschli en el campo especifico de “     La Teoría General del Estado” en la que sostiene que el Estado no es un instrumento sin vida, una maquina muerta, sino un ser vivo y por ende un organismo. Consideró un mérito de la Escuela Histórica Alemana el haber reconocido la naturaleza orgánica de la nación y del Estado , rechazando la concepción mecánica y la concepción atomista que dan preferencia al individuo sobre el todo social y político.  No obstante asignarle carácter masculino al Estado en oposición al carácter femenino de la Iglesia. El autor revista , es decir , destaca en el organismo psicosocial, toda vez que en última instancia considera al Estado como un organismo especial, moral e inteligente, inmenso  cuerpo que recibe ideas y sentimientos de la nación y las expresa en forma de leyes. Dentro de este mismo tipo de historicismo podemos mencionar a Savigny con su  concepto de Volkgeist, es decir el alma popular que unificaba a los reinos germánicos, ese conjunto de danzas, lengua y tradiciones que eran fuente del derecho.
Así tenemos que en el organicismo filosófico o moral comprendemos a Platón y Aristóteles. En el organicismo psicosocial a Savigny y Bluntschli, y en el bioorganicismo a Schäfle, Novicow, Lilienfeld , Worms y Spencer.  Existe también la teoría del vitalismo biológico de Bichat según la cual en el seno de la sociedad se da la misma lucha que en un órgano viviente, es una modalidad de la concepción bioorganicista.
Critica a la concepción: Lo único que tiene de positivo es su pensamiento de que la sociedad humana no es una creación enteramente artificial y que constituye una unidad distinta de la simple adición de individuos aislados. Pero peca por defecto en cuanto a que resulta insuficiente para proporcionar una idea de la realidad social en su totalidad, sino peligrosa, toda vez que atribuir a la sociedad y al Estado el carácter de seres  supraindividuales, oculta la intención de someter al hombre al dominio de la voluntad  y las necesidades de la clase gobernante, que se transforma de este modo en la intermediaria  entre el individuo y “seres misteriosos”.   Es un sacrificio de la vida individual a seres superiores  y distintos, que en la doctrina de la representación política, desde Hobbes, es algo natural. Para Kelsen detrás de estas concepciones  no son más que una careta bajo la cual se esconden juicios de valor. Heller señala que la concepción organicista surge como formula contrarrevolucionaria al “hacer” el Estado de la República Francesa.
Las observaciones críticas que vimos se pueden resumir en los siguientes puntos:
§  Convierten a la analogía en identidad. La analogía puede usarse como elemento clarificador del conocimiento. Si se la transforma en identidad, se altera la naturaleza del objeto quebrantando su sustancia.  Se puede comparar a los partidos políticos con una maquina a  vapor, se puede comparar al Estado con un buque, como hizo Freyer, pero no puede sostenerse que el Estado sea verdaderamente un buque.
§  Enmascaran finalidades de política práctica. En este sentido son ficciones elaboradas para dar sustentación  a una profesión de fe y ser utilizada en “una lucha a favor o en contra de un determinado sistema político”.
§  Niegan la personalidad humana y sus atributos de decisión y acción, pero también conducen a la negación de esas facultades  respecto de todos los grupos sociales organizados voluntaria y conscientemente.
§  Dejan de resolver “el problema de la unidad del individuo y de la multiplicidad de los grupos a los que pertenece como  miembro”  poniéndose al servicio de aquellas ideologías que hacen del hombre un medio para la realización de supuestos fines suprahumanos.
§  En conclusión, el concepto de organismo debe ser sustituido por el de forma o estructura, que permite comprender lo social e individual como un todo unitario, articulado mediante conexiones de sentido.
Concepción mecánica:
    La teoría mecanicista  tiene como postulado al individuo. Considera a la sociedad como un agregado de individuos y  al Estado como una creación de la voluntad humana, cuya fundamentación racional se encuentra en el contrato o pacto social. Sus más antiguos expositores fueron los sofistas atenienses del siglo V a.C especialmente Protágoras, Gorgias y Pródico, fieles al pensamiento de Protágoras para quien “el hombre es la medida de todas las cosas” sostuvieron que el Estado era una creación artificial, cuya autoridad se  fundaba en la fuerza. El gobierno existía como una consecuencia del compromiso de los fuertes para someter a los débiles, o el acuerdo de los débiles para protegerse de los fuertes. De este modo comprendieron a la asociación política como producto del acuerdo individual. Los cínicos con su postulación de un derecho igual para  todos los seres humanos, fueron aun más radicales. En Roma Lucrecio sostuvo que todo en cuanto existe es resultado de la evolución mecánica, no  sólo de las creencias y de las instituciones, sino del hombre mismo. Cicerón negó la superioridad del Estado sobre el individuo afirmando que el origen del Estado se encontraba en un pacto entre los hombres con miras a la protección reciproca, el individualismo de los sofistas reaparece en los siglos XVII y XVIII, como consecuencia del progreso de las ciencias físicas  y matemáticas y  la secularización del pensamiento y su autonomía frente al dogma religioso, el libre uso de la inteligencia y la  inclinación por la ciencia. Las tareas fundamentales de la Edad Moderna fueron:
-La liberación de la conciencia humana.
-El reconocimiento del valor y de los derechos del individuo.
-Los avances de las ciencias naturales que hicieron que se interpretaran los fenómenos sociales como fenómenos físicos, claro que provocando también exageraciones.
Durante el siglo XVII, Hobbes, Spinoza, Descartes, Weigel, Leibinitz, entre otros , estudiaron al hombre como  objeto físico, como si fuera una maquinaria humana. La sociedad  fue considerada como un nuevo sistema cuyos elementos estaban ligados por la atracción o la repulsión “contemplando el alma humana como un mecanismo susceptible de ser desarmado”.  René Descartes padre del racionalismo moderno construye su sistema de pensamiento sobre la base de que cada entidad individual es una máquina que opera por sí sola. Su concepción de un universo mecanistico, en donde tanto lo orgánico como lo inorgánico puede ser definido en términos de extensión  y movimiento, y la unidad del mundo físico significó  que se dejaba de lado la revelación como fuente de toda verdad. Dios es únicamente la causa primera del movimiento y las causas segundas o físicas, son las leyes, la primera de las cuales es la inercia  y la segunda la conservación del movimiento. El raciocinio –análisis e intuición racional- constituyen la base del conocimiento. El mecanicismo  y el racionalismo cartesiano encontraron en Benito Spinoza y en Hobbes sus sucesores.
Spinoza en su Tractus Politicus o Tratado Político considera que la sociedad como parte de la realidad toda tiene una contextura mecánica y causalista. Las inclinaciones y afectos humanos son propiedades del alma, así como el calor y el frio son propiedades del aire. Identifica al poder con el derecho, pero esta identificación del derecho al hecho no se basa en nada empírico, sino en la unidad originaria de todas las cosas que existen en la naturaleza, entendiendo que el fin  del Estado es la libertad y la seguridad individual.
Hobbes en el Leviatán, sostiene que la propia conservación es el primero de los bienes, así como la muerte es el mayor de los males. Tanto el hombre como el universo pueden ser explicados en los términos de la mecánica. El hombre no es sociable por naturaleza, todo lo contrario. En el Estado de naturaleza se encuentra en una guerra de todos contra todos, donde el hombre es el lobo del hombre y el derecho que sobre algo se pueda tener lo es o coincide en la medida de la fuerza que se posea.  El derecho es la fuerza, el derecho de alguien coincide con su poder.  Pero el hombre procura su conservación  y la razón indica que debe lograr la paz, lo que sólo se consigue cuando todos renuncian a su derecho innato sobre las cosas. Nace así el status civilis o estado político – que se constituye cuando todos contratan con todos- como una especie de hombre artificial, cuya alma es la soberanía, siendo “una persona cuya voluntad nacida del contrato de muchos hombres, debe ser considerada como la voluntad de todos ellos”. Hobbes tiene una concepción pesimista de la naturaleza humana y su doctrina operó como legitimante de la monarquía absoluta.
Isaac Newton y Locke fueron los fundadores de la ilustración, movimiento intelectual que culminó en el siglo XVIII, que tuvo fundamental gravitación en la formación del pensamiento social y político moderno. Partiendo de la idea de que la razón es la única fuente de conocimiento, concibe al universo como una maquina subordinada a leyes inflexibles, que rigen de modo uniforme el orden de la naturaleza.  La civilización ha vuelto artificial a la vida humana, siendo preferible un retorno a las formas simples de estructura, a la libertad natural, a la vida conforme a la naturaleza y a los dictados de la razón.
Locke consecuentemente sostuvo, que el estado de naturaleza es un estado de libertad. En tal estado prepolitico las relaciones entre los hombres son regidas por el derecho natural. Por consentimiento los hombres establecen la sociedad civil, es decir el Estado y le delegan el derecho de defensa o seguridad. Así pues el fin del Estado y la ley es garantizar la vida, la libertad y la propiedad privada.
Jean Jacob Rosseau, el verdadero revolucionario entre  las grandes figuras de la ilustración  y el padre de la teoría democrática moderna, no es un racionalista.  No obstante compartir todos los conceptos cardinales de la ilustración, no comulga con la idea de que la  razón sea la única guía de la sabiduría , la única fuente del conocimiento. Entiende que los sentimientos, las emociones y los instintos aproximan a la naturaleza y ayudan a lograr la felicidad y por consiguiente que los progresos de la ciencia son la causa de la infelicidad humana. Fue su lema “el retorno a la naturaleza”, sosteniendo que la forma de vida del “noble salvaje” es decir la del hombre primitivo, es el ideal de la vida. En la sociedad civilizada reina la tiranía y la injusticia, la perversidad y la desigualdad; la propiedad privada es el origen de la desigualdad entre los hombres.
La “igualdad natural” , “la libertad”, “la soberanía del pueblo”, “la democracia directa” y “el gobierno de la voluntad general” fueron los pilares de su doctrina cuya columna vertebral es el contrato social. “Supongo- dice en el capitulo VI del libro I del Contrato Social- , a los hombres llevados al punto en que los obstáculos que impiden su conservación en el estado de naturaleza superan las fuerzas de que dispone cada individuo para mantenerse en dicho estado. Este estado primitivo no puede entonces subsistir y el género humano perecería si no cambiara su manera de ser. Dado que los hombres no pueden engendra nuevas fuerzas sino unir y  dirigir las ya existentes, no les quedará otro remedio para conservarse que el de formar por asociación una suma de fuerzas que pueda superar la resistencia, de ponerlas en juego mediante un solo móvil y de hacerlas actuar al unísono”. Esa suma de fuerzas formada por asociación, para la protección y defensa de la persona y bienes de cada asociado mediante la fuerza común, se obtiene por el contrato social”. Las clausulas del contrato social, se reducen, bien estudiadas, a una sola; a saber: la enajenación total de cada asociado con todos sus derechos a la comunidad; porque primeramente, dándose cada uno por entero, la condición es igual para todos;  y siendo igual tal condición, nadie tiene interés en hacerla onerosa para los demás. En fin, dándose cada individuo a todos, no se da a nadie; y como no existe ningún asociado sobre el cual no se adquiera el derecho que se cede sobre si mismo, se gana la equivalencia de todo lo que se pierde y se adquiere mayor fuerza para conservar lo que se tiene. En consecuencia, este pacto, queda reducido a los siguientes términos: cada uno pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y cada miembro los recupera como participe de la voluntad general. En virtud del pacto social los hombres son iguales por convención y por derecho.
Crítica a la concepción: La crítica que más se le formula es su insuficiencia para proporcionar una concepción de la realidad estatal comprensiva de lo individual y lo social. Su debilidad consiste en sostener la estructura individualista del Estado y de la sociedad negando la realidad de la existencia de grupos humanos, a los que considera como simples adiciones de individuos. No hay  duda de que el individuo es el centro de la efectividad social, que el espíritu lo diferencia de todo organismo viviente y que hace que la sociedad sea distinta de toda comunidad natural, pero los grupos sociales, la sociedad condiciona la vida humana individual y ella es a su vez condicionada por esta. O sea hay condicionamiento reciproco. Ellos constituyen lo objetivo de la realidad social, el enlace con lo individual, con lo subjetivo de esa misma realidad.
Como a su opuesto – el organicismo- se le atribuyen  finalidades de política práctica y falta de coherencia interna, claro que dependiendo si hablamos de Hobbes (que fundamento al absolutismo) o Locke (liberalismo) y Rosseau (la democracia); entonces en el primer caso fortaleció al poder, en el segundo lo debilito y en el tercero hizo  ambivalente al poder. 
La concepción mecanicista, según Heller, contribuyó a la destrucción crítica de todas las formas y normas tradicionales de la Edad Media, a la formación de la moderna doctrina del derecho y del Estado, a la liberación y a la secularización del individuo, encontrándose incorporada, de un modo  u otro, en todas las constituciones modernas.  Ellas constituyen, por otra parte, el soporte de la Teoría del Estado en la actualidad.
Teorías intermedias:
    La crítica a las teorias biorganicistas, que por analogía llegaron a la formulación de sorprendentes comparaciones entre el Estado y los organismos vivos, produjo un movimiento de atenuación de tales exageraciones.  Y dicha atenuación se manifestó de diferentes maneras. Primero como una rectificación parcial de las posturas anteriores por parte de notorios organicistas como Spencer y Worms. Segundo con la formulación  de teorias intermedias que procuraron conciliar la concepción organicista con la mecanicista, como la de Alfredo Foulliée con su “organicismo contractual”.
Esta rectificación parcial se inicia desde el punto que el reconocimiento de los organismos sociales son completamente distintos de los biológicos y que no existe parecido morfológico  entre ellos. Spencer, enrolado originariamente en un biorganicismo extremo, reconoce haber utilizado las analogías como un andamiaje para ayudar a la construcción de un cuerpo coherente de inducciones sociológicas.  René Worms adoptó una posición intermedia “la teoría orgánica nos explica el punto de partida de la sociedad y la teoría contractual su punto de llegada”. Las sociedades nacen  a la manera de los organismos y se rigen siguiendo las leyes de éstos más tarde progresan de modo más específicamente humano dirigiéndose hacia un ideal concebido por el espíritu: el ideal de justicia, de libertad, de cultura”. Este mecanismo final tiene en Foullée su más caracterizado representante. Su teoría del “organicismo contractual” parte de premisas orgánicas, para concluir en un individualismo final. La sociedad nace espontáneamente, pero actúan factores individuales y la conciencia humana en forma de fuerzas de modo tal que el organismo finalmente se convierte en un sistema artificial  formado y  controlado por la conciencia humana, sus realizaciones voluntarias y contractuales. La estructura orgánica se convierte, de este modo, en estructura individualista, en estructura mecánica.
Tendencias actuales del organicismo y del mecanicismo:
     El organicismo en la actualidad se mantiene a través de las teorias intermedias. Opera políticamente como una teoría de la solidaridad, tanto como en el “organismo contractual” de Foulieé, como en el universalismo de Spann, en el “patriotismo” nacionalista, en el “colectivismo socialista” o en las  teorias fascistas del sindicalismo.  Cada uno con una modalidad de “deber hacer” para ser parte del todo orgánico, el deber hacer claro que esta marcado instrumentalmente al servicio del modelo ideológico imperante.  La concepción orgánica presta recursos para exigir al individuo un comportamiento que va de la ayuda mutua a la entrega vital en términos de sacrificio voluntario. De este modo el organicismo es algo que queda reducido a ideologías que están al margen de la ciencia. 
El mecanicismo  se ha reactualizado con la escuela behaviorista y la teoría instintiva de los hechos sociales y políticos. La escuela behaborista o conductista, aspira a estudiar la conducta humana como un fenómeno mecanicista, sin ninguna referencia a procesos o experiencias subjetivas e internas y constituye la versión moderna de la psicología mecanicista y cuantitativa del siglo XVII (Descartes, Leibinitz, Spinoza, Malebranche,  y otros) que contemplaba al hombre como un autómata y trataba de estudiar los procesos físicos y químicos, midiéndolos e interpretándolos a la luz de la mecánica física. En cuanto al “instintivismo” o interpretación de los hechos políticos y sociales como reflejos o racionalizaciones de los instintos y las teorías de Ward, Thomas y Small, son tributarias de las interpretaciones mecanicistas de Hobbes, Weigel y Grocio  entre otros.
Criterios objetivo y subjetivo (Jellinek):
    Jellinek  clasificó a las teorias sobre la naturaleza del Estado en “predominantemente objetivas” y “predominantemente subjetivas”, según tomen en cuenta el aspecto interior o el aspecto exterior de la realidad estatal. En su realidad exterior se nos presenta como una serie de hechos sociales. Estos  hechos poseen un significado dado por la voluntad humana y completan la realidad del Estado, haciéndola descansar en “relaciones internas  humanas”.
Dentro de las teorias objetivas encontramos:
a)La que considera al Estado como un hecho: Formulada por Seydel, Zachariae, Bornhak, Rehm y Duguit,  sostiene que el Estado es un hecho o una relación de hechos consistente en que los hombres en su totalidad o en parte se hallan sometidos a un mismo poder, como expresión de la fuerza material. La naturaleza del Estado debe buscarse en las  relaciones objetivas de poder. esta teoría al no distinguir entre el hecho y el derecho, hace imposible una teoría jurídica del Estado. 
b)La teoría que considera al Estado como una relación de dominación: Kant , Von Haller, Bischof , Zöpfl, Lingg   hacen radicar el ser  verdadero del Estado , la esencia de su naturaleza , en las relaciones de dominación. Su punto de partida es la oposición entre un estado de naturaleza y un estado  civil o político. Mientras la teoría realista del Estado como un hecho ve en la fuerza natural el ser del Estado, la teoría de la relación de dominación lo hace radicar en la fuerza jurídica, en la prefiguración de normas jurídicas, que por lo general se admiten como anteriores al Estado. Esa relación de dominación objetiva sobre la base de normas jurídicas constituiría la esencia del Estado. Al dejar de la interioridad humana, al prescindir de todo fundamento subjetivo, es insuficiente para explicar la naturaleza del Estado.
c)Teorias que identifican al Estado con sus elementos: estas teorias tratan de comprender la naturaleza del estado objetivamente, considerando que el pueblo y el Estado son la misma cosa. O identificando al Estado con el gobierno. Reducen al Estado a la nación o pueblo, o bien a la autoridad o grupo gobernante, con lo que proporcionan una visión impropia de la realidad estatal al extremo de considerar al Estado como tierra  y gente dominada.
d)Teoría que  considera al Estado como un organismo natural: considera al Estado como una formación orgánica de carácter  físico, con la existencia condicionada por leyes naturales, existencia que es independiente  de los individuos que lo forman. Entonces concibe al Estado en su exterior de modo similar a los organismos naturales.
Dentro de las teorias subjetivas  se encuentran:
a)La concepción del Estado como un organismo ético espiritual: es la concepción del organicismo moral  y el  organicismo psicosocial , que considera al Estado  como un organismo, como una formación espontanea independiente de la conciencia reflexiva de los individuos. Lo asemejan al hombre, o buscan analogías con facultades humanas, o bien asimilan a las funciones de los organismos vivientes a las funciones del Estado, operando con un concepto, el de “organismo” al que ni siquiera pueden  definir. La hipótesis orgánica, ni siquiera es admisible como “síntesis de los hechos sociales que tienen lugar fuera de nosotros”. “Puesto que la teoría orgánica trabaja principalmente con analogías”.
b)Teoría  que considera al Estado como una unidad colectiva o de asociación: considera al Estado como una unidad permanente de  hombres asociados. Esa unidad se diferencia de los individuos que la componen y sin embargo “existe mediante la pluralidad y en la pluralidad de ellos”. Según Jellinek , esta teoría explica la unidad del Estado en  la variedad de sus miembros, la situaciones de sus órganos respecto al todo y  las partes, y la continuidad de la existencia del Estado en el curso de las generaciones , ofreciendo el  concepto  supremo,  bajo el cual entiende que debe subsumirse el Estado.
c)Teorias que  consideran al Estado como  un concepto jurídico: no se proponen  esclarecer su naturaleza real, sino el aspecto jurídico del mismo mediante un concepto que comprenda todas las propiedades jurídicas del Estado.  Jellinek señaló tres maneras de concebir jurídicamente el Estado:
        -Concebir al Estado como un objeto no es posible, pues todo objeto de derecho presupone un sujeto, y este sujeto no puede  ser sino los hombres que dirigen al Estado.
        -Tampoco puede ser concebido como una relación jurídica. Si bien es cierto que en el Estado deben existir gobernados y gobernantes jurídicamente relacionados, esa relación proviene de la unidad permanente no obstante el cambio  de personas.
         -Esta teoría no puede decir de donde procede la  relación jurídica del Estado, ni de donde nacen las normas, ni que poder las dicta. Tampoco explica la acción exterior del Estado.
         -La única explicación satisfactoria de la naturaleza del Estado jurídico es concebirlo como un sujeto de Derecho. Este concepto es jurídico implicando por su naturaleza una relación. Sujeto en sentido jurídico, no es una esencia ni una substancia, sino una capacidad  artificio del orden jurídico o sea creado por este. “Si el Estado es una unidad colectiva , una  asociación ,  y esa unidad no es una ficción , sino una forma necesaria de síntesis de nuestra consciencia , que como todos los hechos de la misma , forma la base de nuestras instituciones , entonces tales unidades colectivas no son menos capaces de adquirir subjetividad jurídica  que los individuos humanos”.
Sólo concibiendo al Estado como sujeto de derecho es posible jurídicamente la unidad del Estado, la de su organización y la voluntad que ella engendra.
Sólo concibiendo al Estado como sujeto de derecho es posible comprender jurídicamente la unidad del Estado, la de su organización y la voluntad que ella engendra.
Todo lo cual permite a Jellinek formular un concepto social de Estado, concibiéndolo como “la unidad de asociación dotada originariamente de poder de dominación, y formada por hombres asentados en un territorio”; y un concepto jurídico, y en tal sentido considerar al Estado como “la corporación formada por un pueblo, dotada de un poder de mando originario y asentada en  un territorio determinado”, en otras palabras, “la corporación territorial dotada de un poder de mando originario”.
Criterio de Hermann Heller:
     Para el autor, la realidad se halla construida dialécticamente, existiendo conexión entre las condiciones naturales y culturales de la realidad social, estimando insuficientes las explicaciones de la geopolítica, de la teoría racista, o de cualquier otra de carácter naturalista. La reunión de la totalidad de las condiciones naturales con la tradición histórica y con las peculiaridades técnicas económicas, sociales, pedagógicas, políticas, religiosas y otras, es la única que permite determinar con acierto la importancia de cada una de las condiciones naturales y culturales dentro del conjunto de la realidad social.
Estas condiciones  y elementos son mudables. Considerar que tal o cual condición cultural es la determinante de las otras, y en definitiva de toda la realidad social, es desfigurar la realidad  para hacerla aparecer como se desearía que aparezca.  La unidad estatal no puede ser considerada como resultado de “fuerzas socializadoras de la naturaleza”, en las que la sociología francesa vio algo así como la clave mágica para descubrir todos los secretos de la realidad social. El hombre y los grupos sociales se encuentran en relación incondicionada de reciprocidad. La formación de lo objetivo social y su acumulación a través de miles de generaciones puede parecer una creación de fuerzas superiores a la racionalidad humana. No obstante que lo cierto es que ha sido y es obra del hombre, productividad  o efectividad humana.
“Toda convivencia social- dice Heller- , es convivencia ordenada”. Esa ordenación puede darse de hecho,  mediante regularidades que proporcionan permanencia a la vida social, o bien por un medio de la organización. La organización supone una unidad de acción, un obrar consciente dirigido a la ordenación. Toda organización requiere un órgano que encamine la unidad a la acción. El estado se manifiesta como unidad de acción, que no puede cobrar realidad sino mediante una organización, esto es, mediante un órgano y una ordenación racionalmente establecida. Ese plan racional debe establecer el modo de cooperación y el ajuste de la acción colectiva a las mudables condiciones de la naturaleza y cultura. La unión según sentido y espíritu y la conciencia de unidad dan “al grupo social una firmeza,   seguridad y permanencia que no tienen las agrupaciones meramente naturales”.
Desarrollo temático de Mario Justo López.
El problema de la naturaleza de la comunidad política.
     Cuando hablamos de la naturaleza del Estado, lo que estamos tratando de establecer es qué y cómo es la “comunidad política”.
Se suele  clasificar a  las concepciones elaboradas para dar dicha respuesta en, mecanicistas, organicistas e intermedias.
Concepciones mecanicistas y organicistas. Antecedentes de la clasificación y estimación genérica.
     La clasificación y la oposición entre las concepciones mecanicistas y organicistas fue  claramente expuesta por John Stuart Mill en su obra “Consideraciones sobre el gobierno representativo” (1861), si bien empleando un tanto confusamente las expresiones “instituciones políticas”, “constitución” y “formas de gobierno”, en lugar  de “comunidad política”. En  el primer capitulo de dicha obra el autor señala que hay dos doctrinas en pugna acerca de la naturaleza de las instituciones políticas. Unos las consideran –dice- “como una materia de inventiva e ingenio”; son “producto de la mente del hombre” y por  ende tiene opción para crearlas o  no crearlas, así como  para hacerlo de una manera o de otra. “Una constitución les merece la misma consideración que les dispensarían a un  arado  de vapor o a  una maquina trilladora”. “A quienes así piensan- sigue diciendo - se opone otra clase de razonadores políticos, quienes lejos de  comparar una  forma de gobierno con una maquina, la consideran como una especie de producto espontaneo”. “Esta escuela de pensamiento – continúa, considera a las instituciones políticas fundamentales de un pueblo como  una forma de desarrollo orgánico de la naturaleza y de la vida de ese pueblo: un producto de sus hábitos, instintos, necesidades y deseos inconscientes, ajenos en lo absoluto a sus propósitos deliberados”. “ Sería difícil decidir – concluye el pensador inglés-  cuál es la mas absurda de estas doctrinas, si pudiéramos suponer que cualquiera de ellas se ostenta como  única”.
No es mucho lo que se ha avanzado después de Mill en la  materia. Jellinek afirmó que antes  del siglo XIX , lo orgánico y lo mecánico  no se presentaban como cosas opuestas. “La ciencia moderna – agrega- ha ido poco a poco llegando a explicar al  ser vivo como un organismo  y a hallar  dentro de los fenómenos enigmáticos de la vida ,  la nota diferencial  entre lo  orgánico y lo mecánico; pero, en rigor  - concluye- , apenas si es posible encontrar algún signo distintivo entre organismo y mecanismo”.
Por consiguiente, concebir la “comunidad política”, sea  como un mecanismo o como un organismo, no  significa decir mucho acerca de la naturaleza de aquélla. Lo cierto es que se trata de dos doctrinas marcadamente “interesadas”. Ya lo había advertido John Stuart Mill, para quien ambas concepciones corresponden a una diferencia muy profunda entre dos maneras de pensar , la concepción mecanicista trasciende al individualismo y libertad y constituye una “ideología” de la democracia liberal, y que la concepción organicista trasciende ideas básicas de sociabilidad y necesidad y constituye una “ideología” de tendencias absolutistas o totalitarias. No faltan ejemplos para dar sustento a estas tesis.
La doctrina del contrato social,  indiscutiblemente mecanicista, sirvió a Locke para dar apoyo a una posición  política de corte individualista y liberal. Del mismo modo que la concepción mecanicista le sirvió a Sièyes para fundamentar la teoría de la representación política. En sentido opuesto “La Carta del Lavoro” – institucionalización del totalitarismo  fascista- constituye una inequívoca profesión de fe organicista. Coincidentemente muchos panegiristas del totalitarismo alemán han sostenido  la concepción organicista.
Corresponde señalar, sin embargo, que  en algunos casos la correspondencia entre las concepciones mecanicista y organicista, por una parte, y las ideologías liberal y totalitaria, por otra, se han invertido. Así Hobbes se ha valido de la doctrina  mecanicista del contrato para justificar  el absolutismo, y , del mismo modo , otros como Sorel , críticos severos de la concepción organicista , han sido enemigos al mismo tiempo del individualismo y del liberalismo democrático. Por el contrario, defensores a ultranza del individualismo (como Spencer) o del personalismo (los krausistas españoles como Francisco Giner de los Ríos, Adolfo Posada y Fernando de los Ríos- han sostenido la concepción organicista.
Pese a todo, el estudio de las concepciones mecanicistas y organicistas no es totalmente inútil. El examen de las tesis opuestas permite poner de relieve las tensiones existentes en las polaridades sociedad-individuo y necesidad-libertad.
Caracterización de las concepciones mecanicistas y organicistas:
     La radical oposición entre mecanicistas y organicistas de la “comunidad política”  radica en que, al interrogante relativo  a  la naturaleza de esta última, las primeras responden que se trata de un  mecanismo (una pluralidad o agregado de otros seres, que no funciona automáticamente) y las segundas que se trata de un organismo (una substantividad, un ser vivo, que funciona por sí  mismo).
En los albores de la concepción organicista (fines del siglo XVIII) Fitche decía que la comunidad política  era un Natuprodukt o unidad orgánica. El ciudadano – decía- no es un  individuo aislador, sino una parte esencial de la comunidad. “En la entidad orgánica –sostenía- cada parte integra y sostiene al  todo y de la existencia de éste depende, por consiguiente, la vida de aquélla; una posición semejante ocupa el individuo con respecto al Estado”. En cambio como señala Getell, para las concepciones mecánicas – que coinciden con las doctrinas del pacto social- “el Estado (la “comunidad política”)  no responde a la idea de un desarrollo evolutivo, sino que  consiste más bien en una creación deliberada de la voluntad humana; es un simple agregado de individuos, sin una existencia real, sin conciencia de su unidad, una creación voluntaria y artificial,  por su origen, y mecánica, por  su naturaleza”.
Las concepciones organicistas se desarrollaron durante el siglo XIX , en pugna con  las concepciones mecanicistas predominantes en los dos siglos anteriores. Por ello, respetando el orden cronológico vamos a pasar revista a cada una empezando por el examen de estas ultimas, o sea las mecanicistas.
Examen de las concepciones mecanicistas:
     Al igual que las concepciones organicistas, reconocen lejanos  antecedentes. No faltan quienes en tal sentido, encuentren vestigios de “Contractualismo”, y por ende de mecanicismo en Sócrates, en los sofistas, en Epicuro  y en Cicerón. Pero puede afirmarse que la primera de las verdaderas concepciones se encuentra en los exponentes de la Escuela Clásica de Derecho natural y en las doctrinas sobre el contrato social.  Hobbes en el Leviatán, Locke, en el Ensayo Sobre el Gobierno Civil; Spinoza en el “Tratado teológico –Politico”, Vattel en Derecho de gentes o principios de la ley natural, Rosseau en “El contrato social” y Siéyes en ¿Qué es el tercer Estado?.
Son rasgos comunes de los distintos exponentes de las concepciones “contractualistas” o “mecanicistas”  los siguientes:
§  Los hombres antes de constituir la comunidad política viven en “estado de naturaleza”.
§  Se forma la “comunidad política” por libre determinación y mediante el pacto que celebran los hombres entre ellos.
Ese  pacto mediante el cual los hombres crean la “comunidad política”, ¿Es expreso, ha tenido  lugar históricamente o es un pacto tácito? Locke en el cap. VIII de su Ensayo sobre el gobierno civil da al pacto como un hecho histórico real, si bien admite la dificultad de comprobarlo en cada caso concreto. Cita en apoyo de su tesis acerca de la etapa preestatal, las narraciones del padre jesuita José de Acosta en la Historia Natural y moral de las Indias.  En Rosseau, en cambio, el pacto social constituye un supuesto necesario, cuyas cláusulas están “determinadas por la naturaleza del acto”, se puede decir en general que predomina la tesis de que, como lo ha señalado Radbruch, el contrato no es un hecho sino una “idea regulativa”, o sea que la comunidad política justa hay que entenderla como nacida de un contrato entre sus miembros.
Sea como fuere, en los días de la Revolución Francesa la concepción mecanicista contractualista fue la que prevaleció.  El proyecto de declaración  presentado por el señor de Serván decía: “Art. 1º toda sociedad civil es el producto de una convención entre todos sus miembros, y jamás de la fuerza”, y el presentado por Siéyes decía: Art. 4 Toda sociedad puede ser sólo la obra libre de un convenio entre todos los asociados”.
Examen de las concepciones organicistas:
  Constituyeron una reacción contra el carácter extremadamente racionalista de las concepciones mecanicistas. Por eso resulta un anacronismo  considerar  organicistas algunas concepciones anteriores que eran comparaciones alegóricas entre la “comunidad política y  el ser humano”.  Corresponde, por el mismo, no incluir entre las concepciones organicistas las alegorías de Platón, San Pablo, Salisbury, Hobbes y otros. En ese caso no se trata de doctrinas organicistas propiamente dichas, porque en definitiva no se concibe a la  comunidad política como un organismo con vida propia.
Como se dijo antes, las concepciones organicistas propiamente dichas se desarrollaron a lo largo del siglo XIX. Son numerosos los autores que las expusieron al punto que Getell las clasifico en cuatro grandes grupos:
a)Organicismo moral: Fichte , Schelling, Hegel , Krausse , Ahrens.
b)Organicismo psíquico: Von Göres , Stahl, Von Stein , Gierke.
c)Organicismo biológico: Zachariae , Bluntschli.
d)Organicismo social: Comte , Worms, Spencer.
El organicismo moral considera a la comunidad política como una unidad o personalidad moral, con voluntad propia y que éticamente es la más valiosa. Entre los expositores del organicismo psíquico algunos encuentran en los elementos existentes  en la “comunidad política” una similitud  con los elementos automáticos y voluntarios de la psicología humana, y otros advierten analogías entre las etapas del desarrollo político y los distintos  periodos de la vida humana, es decir , infancia , juventud , madurez y vejez. Los expositores del organicismo biológico consideran el origen, desarrollo, organización y actividad de la comunidad política como si se tratara de la génesis, estructura y funciones de los organismos naturales. En tal sentido Zacherie llegó a establecer un paralelismo riguroso; examino la química, la mecánica, la fisiología  y la biología de la comunidad política y sostuvo que esta  última como los demás organismos vivientes estaba compuesta de materia inerte y de espíritu activo. El organicismo social tuvo en Comte y Spencer sus expositores más destacados. Spencer aplicó a la realidad social el principio de evolución que Darwin había puesto de moda en la ciencia biológica y sostuvo que la sociedad era un organismo similar a los cuerpos dotados de vida, en la que se encuentran los órganos de nutrición, circulación y centros nerviosos.
Estado de la cuestión:
   Tanto la concepción mecanicista como organicista han sido objeto de criticas y en la actualidad se puede decir que no cuentan con adeptos incondicionales.
Lo cierto es que parece ser que las concepciones mecanicistas como las organicistas son doctrinas extremas y que , como tales , exageran ciertos aspectos de la realidad. Desde Aristóteles hasta nuestro tiempo, la mayoría de los autores reconocen que “la comunidad política” es, a la vez, natural –rasgo positivo del organicismo- y voluntaria –rasgo positivo del mecanicismo—. Es natural porque responde a la necesidad gregaria del hombre (zoon politikon) y es voluntaria porque no subsiste sino a través de  actividad humana.
En la actualidad predomina la concepción de que la comunidad política, es una “estructura” o un “sistema”. Dice Heller, con razón, que con el concepto de “forma” o “estructura” (Gestald), se “evitan las unilateralidades de las teorias individualistas y organicistas, y se sitúa a los momentos personal y social  de la realidad social en la justa relación, al coordinar correlativamente individuo y grupo.
  Desarrollo temático de Bidart Campos:
La primera captación gnoseológica del Estado:
   ¿Qué es lo primero que cae bajo el dominio de nuestros sentidos?¿Qué es lo primero que percibimos de él, primero con que nos topamos? Al Estado no lo hemos visto nunca, no obstante que día a día comprobamos su existencia, que empíricamente constatamos, que racionalmente tenemos por válida.
Cuando hablamos del Estado lo primero que nos ocurre es pensar en el aparato político del poder, el grupo minoritario que manda y el grupo mayoritario que obedece, el conjunto de hombres que lo forman, el suelo en que viven, la coacción del derecho formulada por el Estado. O sea que tenemos conciencia  a primera vista, que hay una realidad integrada por el dualismo de sujetos gobernantes y gobernados, que conviven en un territorio, hacen muchas cosas en común y están sujetos a determinado orden de derecho. ¿Pero concluyó todo acá? A esto respondemos que evidentemente no.
¿Qué es entonces el Estado? Hay teorias que destacan un aspecto especial por sobre el resto, o bien que no consideran al Estado más que desde un único ángulo de enfoque. Por ejemplo quienes resaltaban el aspecto sociológico que ofrece un primer plano de percepción  en que nos ubicamos al estudiar el Estado. Y  hay quienes no ven nada más que eso; es decir, quienes agotan la realidad del Estado en el aspecto sociológico. Del mismo modo que otros se detienen en el jurídico, para no ver del Estado más que su orden jurídico, con prescindencia de la realidad sociológica.
Los principales enfoques que se han hecho del estado son los siguientes: a) sociológico, b) deontológico,  c) jurídico, d) político.
Teorias sociológicas acerca del Estado:
  Predominantemente consideran al estado en la unidad de su naturaleza como construcción social (Jellinek).
Jellinek sostiene que en la  investigación  del Estado debemos  atender dos ordenes de fenómenos, por un lado el Estado como construcción social; por el otro el Estado como institución jurídica.  El primero mira más hacia el aspecto sociológico, el segundo hacia lo jurídico. Esta misma separación  o distinción lo lleva a definir al Estado en el primer sentido (el sociológico) y lo  hace señalándolo como “unidad de asociación dotada  originariamente de poder de dominación y formada por hombres asentados en un territorio”. En el ámbito o aspecto jurídico el Estado se muestra como un sujeto de derecho, y es susceptible de incluirse en la categoria “corporación” lo cual para Jellinek es sólo un concepto jurídico.   En el orden jurídico se le atribuye al Estado la personalidad jurídica, la calidad de persona, y se lo conceptúa como “la corporación territorial dotada de un poder de mando originario” (Jellinek).
La perspectiva sociológica se dedica a abarcar lo que hay de realidad social o grupal en el Estado, el fenómeno de esa convivencia organizada en que el Estado consiste, bajo mando de uno o de unos pocos. De ahí que las definiciones sociológicas reparen sobre todo en el mando, poder o dominación que se erige en el agrupamiento humano llamado Estado. El Estado es un fenómeno de poder social, un hecho que se da en el ámbito objetivo de lo social.
Las teorias sociológicas son principalmente teorias objetivas, porque estudian al Estado como un hecho real y objetivo, es decir como exterior a los hombres. El Estado desde tal perspectiva tiene un “ser”  que se radica en el mundo externo, independientemente de los individuos.  Como que tiene  existencia objetiva propia, de hecho, igual que  cualquier otro cuerpo natural (Schmidt).
Por otra parte se las llamó teorias realistas, es cuanto se desprenden de, o asignan escasa importancia a los aspectos de la personalidad jurídica, de la soberanía, etc. Nociones estas que por ejemplo Duguit tilda de “metafísicas” o Berdiaeff de objetivaciones esclavizantes.
Exponiendo esta tendencia que se dio a llamar “realista” Fayt escribe que muestra al Estado como “tierra y gente dominada por una voluntad superior” que no es la voluntad del Estado sino “voluntad sobre el Estado”: un grupo gobierna y el otro es gobernado, unos hombres que dominan a todos los demás y cuya voluntad se impone porque tiene el monopolio de la fuerza. El Estado, entonces, carece de personalidad, tanto jurídica como moral.
Cabe analizar alguna de la teorias sociológicas:
a)El Estado como hecho de convivencia: se trata del Estado en cuanto fenómeno que nos es dado. Según Zachariae, es un hecho o una relación de hechos  consistentes en que los hombres están sujetos a un mismo poder jurídico. Entonces se llama estado el hecho de hallarse muchas familias radicadas en modo duradero en un territorio determinado y reunido en población.  Bischof utiliza un concepto análogo; El Estado es un  status  particular de sometimiento de todas las voluntades, formadas por una variedad de elementos sociales establecidos, en un territorio determinado, a una voluntad. Von Haller, lo concibe como la más alta gradación de relaciones naturales de servicio y de relaciones sociales. Kant llamó estado civil a la situación de los particulares en el pueblo, considerados en sus relaciones reciprocas, y Estado o Civitas  a la unidad total en sus relaciones con sus propios miembros.
b)El Estado como un hecho de dominación: sin desperdiciar el aporte de quienes acentúan  el hecho grupal de la vida social o del acoplamiento de individuos, hay quienes destacan más el hecho de la dominación que una minoría ejerce sobre los hombres. Duguit, por ejemplo, escribe que el Estado es un grupo humano, asentado en un territorio determinado, donde los más fuertes imponen su voluntad a los más débiles. Agrega que el Estado es el grupo de hombres que, de hecho, en una sociedad ideal, son materialmente más fuertes que los otros. El Estado es la fuerza material, la dualidad de gobernantes y gobernados.
Este punto de vista de Duguit es típico de una sociología realista que se estanca en la observación pura, equivalente a la que Kelsen sostuvo desde una perspectiva jurídica. Duguit es un positivista, y como tal ve únicamente – en vez de una entidad colectiva que está por encima de los individuos- el hecho desnudo de la dominación. Es la detentación del poder por parte del grupo más fuerte, que sólo tiene como limites el hecho de la solidaridad social o dependencia reciproca de los hombres.  Este es el derecho objetivo o la regla de derecho. “El Estado está muerto o bien está en vías de morir”(Duguit). En apariencia inclusive,  comenta Dabin, ya no hay Estado en cuanto a realidad distinta: este desaparece tras  de las nociones de poder de hecho de determinados hombres,  los llamados “gobernantes”, y de regla  de derecho ,que obliga a aquellos a organizar y hacer funcionar los servicios públicos. El Estado se reduce, de esta manera a  una “cooperación de servicios públicos”  cuya responsabilidad y carga incumben a los gobernantes.
Acentuando  siempre el hecho de la dominación, se estima que el poder dotado de imperio  al que nadie puede sustraerse,  es dominación originaria, es Estado. En esto se diferencia el Estado de otras asociaciones: en que es irresistible, y los hombres no pueden evadirlo. Este poder recibe su fuerza originariamente de si mismo, dijo Jellinek al respecto.
El Estado, dice Bornhak, es la dominación sobre los hombres y las cosas, independientemente  de todo otro poder terrestre. Se acude un poco a la relación de dominación, implica entre los sujetos que mandan (sujetos). Las relaciones de poder entran así a formar parte del enfoque sociológico. “Las relaciones políticas  de voluntad  que reunidas  forman la unidad de asociación, son esencialmente relaciones de dominación…el Estado tiene poder de mando, y mandar, dominar, significa tener capacidad de poder hacer ejecutar incondicionalmente su voluntad a otras voluntades”.
La postura comunista también puede encuadrar en la concepción del Estado como un hecho de dominación.  El Estado, es para el materialismo dialectico una “organización de clases”, fundada en el antagonismo entre las mismas, y  que  nace, precisamente cuando esa oposición ha llegado a un punto tal, que hay peligro de rebeldía en la clase oprimida. “La sociedad se crea un órgano para salvaguardar sus intereses generales contra los ataques interiores  y exteriores”. Este órgano es el poder del Estado (Engels). “El Estado es un producto y la manifestación  de un incompatible antagonismo de clase” (Lenin). En definitiva Engels vio en el una maquina  para que una clase oprima a la otra.
Así visto el Estado es una organización coactiva que un grupo dominante  impone al grupo dominado.
c)El Estado como dualidad de gobernantes y  gobernados: No cabe dudar respecto de que es rigurosamente exacta la afirmación de Duverger: “Dentro de todo grupo social , sea el más pequeño o el más grande, el más primitivo , como el más evolucionado el más efímero como el más verdadero, nace enseguida una distinción fundamental entre gobernantes y gobernados”. De ahí que tengamos una teoría sociológica que se ocupe de resaltar la realidad grupal del Estado. Ya la tesis de la dominación ha reparado en la dicotomía  de “grupo gobernante y grupo gobernado”, desde que el mando requiere siempre la relación de dominación entre el que se impone y el que es sometido. El Estado es fundamentalmente una dualidad. El grupo social se escinde justamente en esas dos campos de acción. La idea política supone a la humanidad dividida en esos dos sectores de la actividad, según Xifra Heras.
El Estado, enseña Luis Von Haller, es el producto de la naturaleza, que  ha dividido  a los hombres en fuertes y en débiles, gobernantes y gobernados.
La Edad Media  ya había usado la imagen de la dualidad de rey (rex) y reino (regnum), de príncipe y  pueblo, que no llegaba a fundirse en una unidad superior. Por un lado los hombres que mandan y por el otro el que obedecen, era así en aquel entonces. Es la convivencia polarizada en dos fracciones. Tal es el ejemplo de las características de la constitución posterior a la época feudal, que García Pelayo califica como  constitución estamental.
d)El Estado como lucha de clases: algo de esto señalamos en el Estado como producto del antagonismo de clase.
La dialéctica marxista, valiéndose de “la lucha de clases” como motor de la historia, reputa al Estado como una superestructura producida por  la dominación de los económicamente fuertes sobre los económicamente débiles. La clase explotadora, integrada por quienes poseen los medios  de  producción,  detenta el poder, la lucha de clases es constante, histórica e ininterrumpida (Marx – Engels en el Manifiesto Comunista), es una lucha por la emancipación económica  que tiene inevitable carácter  político. El Estado no ha existido según la interpretación de Engels, no existe desde toda la eternidad, han  existido sociedades que no han tenido Estado ni poder  público. La división de la sociedad se debe, según Engels, a un desarrollo económico que por fuerza iba acompañado de la división dela sociedad. Por último dijo: “La sociedad…fundada sobre el antagonismo de clase tiene necesidad del Estado, esto es de una organización pero que es pro tempore la clase explotadora”.
e)El Estado como asociación: según esta tesis, el Estado consiste en una unión de individuos que constituyen una unidad: “Unidad permanente de hombres asociados”. Quienes no descuidan la naturaleza social del Estado, lo definen como asociación,  como entidad colectiva, es el caso de Gierke.
Esa unidad está dada por el hecho de que la variedad de los miembros se ponen en comunicación para lograr un  fin.  El Estado de este modo  queda subsumido un concepto de  unidad con el que nuestro pensamiento sintetiza la  pluralidad de hombres de tipo asociativo. Es el ejemplo de los griegos y la polis. Similar  es el caso de los romanos con la  civitas como síntesis del  pueblo. Bertrand de Jouvenel afirmó que para los romanos el pueblo era como un conjunto de hombres, pero no un conjunto cualquiera ,  sino un conjunto unido por lazos de derecho  para gozar  mejor las ventajas comunes, y que antes del siglo XIX a ningún autor  se le habría ocurrido hacer tal análisis de concebir  un agregado humano, sometido a una autoridad política común que tuviera una verdadera existencia fuera  de los individuos.
Ello apunta a una idea de asociación: “una sociedad de hombres, unidos por el propósito de fomentar su mutua seguridad y progreso mediante los esfuerzos conjuntos de sus fuerzas aunadas” (Cooley).
f)El Estado como institución: la teoría de la institución descubre en el Estado un sustrato social similar al que se da en  otras realidades grupales. La institución no es una categoria elaborada por el derecho, por el orden jurídico, como sucede en el caso de una persona jurídica, sino que es un fenómeno social que se da  al margen del orden jurídico, no obstante que éste, posteriormente reconozca dicha realidad social y le depare un trato favorable revistiéndola de la personalidad propia de los sujetos de derecho.
¿Qué es esa realidad colectiva que logra unidad en la institucionalización? En primer término, decirnos que la pluralidad de individuos que integran la institución no adquiere una unidad ideal o  ficticia creada por el orden jurídico, sino que esa unidad se alcanza en un proceso real en el que se producen manifestaciones de comunión entre los miembros del grupo. Hay, según Hauriou un triple movimiento de interiorización, de incorporación y de personificación, en torno a la idea de obra que es el eje de la institución. La institución se define como una idea de obra o de empresa que se realiza y dura jurídicamente en un medio social. Después de haber sido objeto de la institución corporativa, la idea deviene en sujeto de la persona moral que se desarrolla en el cuerpo constituido (Hauriou). La idea de empresa es el objeto de la empresa porque ella tiene por objeto realizar la  idea que se convierte en el alma de la institución.  De este modo la idea de obra que se propaga en un medio social , posee una  existencia objetiva (Hauriou).
Considerada la institución, como una realidad social, que consiste  según George Renard, en  la ordenación   de medios a un fin, en la organización de un Estado de las cosas propio para asegurar, de una manera durable, el   cumplimiento de cierto fin con ayuda de ciertos medios, comprendemos que la institución “es un fenómeno social en  estado bruto, en instancia de reconocimiento jurídico que  debe asegurarle la protección de la coerción pública” (Renard). La personalidad moral -  que no  es la personalidad jurídica- es un fenómeno social espontaneo  que surge cuando la institución adquiere existencia objetiva, “una independencia y una fuerza interna de conservación y renovación” (Renard), relativamente independiente de los individuos que se  suceden en el grupo.  Es  decir que con el reconocimiento adquiere ontología jurídica, la realidad social.  La institución, de este modo, adquiere una situación estable y de continuidad.  La personalidad moral  no es, entonces, elaboración técnica del derecho, ni ficción  o artificios jurídicos, sino realidad social.   La personalidad moral entonces, no es una elaboración técnica del derecho, ni ficción o artificio jurídico, sino realidad social. “Cuantas veces se obligan los individuos en conjunto a obrar de cierta manera para realizar un fin común, crean un cuerpo que, no por virtud  de una ficción de ley, sino por  naturaleza misma de las  cosas, difiere de los individuos que lo componen (Dicey). Otra  cosa es que el orden  jurídico revista  luego a esa realidad social,  que es la  institución personificada moralmente ,  de la personalidad jurídica, como cobertura necesaria para que la institución actúe  como sujeto de derecho  y sea susceptible de relaciones  jurídicas.
El Estado es, pues,  una institución que sólo se distingue de las otras por una diferencia de grado. Así lo considera Hauriou, el fundador de la teoría y sus discípulos.
“Un estado es un cuerpo constituido para la realización de un cierto  modo de ideas, las más accesibles de entre las cuales se agrupan en la  formula siguiente: protectorado de la sociedad civil nacional, por un poder público con jurisdicción territorial, pero separado de la propiedad de las  tierras, dejando así un gran margen de libertad para los sujetos”(Hauriou). “Al paso que las otras instituciones  se limitan a encuadrar y disciplinar un sector limitado de las relaciones humanas, la idea directriz  del Estado entraña el desenvolvimiento de la idea social en todas direcciones , rebasa el estrecho límite de los intereses materiales, e impone la realización del bien común mediante el ejercicio y el despliegue de una voluntad común” (Conde).
g)El Estado  como persona moral: Decíamos que  la personalidad moral es un fenómeno de tipo social, que se da en el seno de las instituciones por obra y la interiorización  e incorporación de la idea directriz. Por ello quienes consideran al Estado como una persona moral se  ubican entre aquellos que destacan el carácter sociológico del Estado.
La personalidad moral no es una ficción , dice Renard, porque hay una realidad detrás de dicha personalidad. Realidad social ; o también, realidad moral,  como la llama Dabin, para quien el Estado es una realidad de este último tipo: “en su punto de partida, una idea experimentada , vivida  que responde a una necesidad y que está justificada además con respecto a la razón: la idea de bien público; luego , la ejecución de esta idea en una determinada organización de relaciones humanas, cuyas manifestaciones  caen bajo el dominio de la experiencia más directa” Dabin concluye señalando que el Estado es una persona moral o colectiva , distinta  de la suma de personas individuales. Carre de Malberg al exponer que el Estado es una persona real ha señalado “desde antes que se le considere desde el punto de vista especial del derecho”. Hay  en el Estado  una doble personalidad: una real (moral) que es anterior a su personalidad jurídica-construcción técnica de la cual el derecho  la recubre-, y que forma el sustrato o soporte de esa personalidad. O como dijo Gierke, existe anteriormente a la personalidad jurídica del Estado una persona jurídica colectiva real  que forma el sustrato, que es la base social de la persona jurídica.
En definitiva, las teorias de la institución y de la personalidad moral coinciden  en admitir que el Estado implica una realidad social subyacente, una individualidad objetiva que está por debajo de la personalidad jurídica. La personalidad jurídica vendría a ser, algo así como la representación conceptual de la realidad, que es la institución o  la persona moral.
h)El Estado confundido con alguno  de sus elementos: Algunas posturas sociológicas agotan la realidad social del Estado en uno de los elementos que la integran, o le confieren una marcada supremacía sobre los restantes. Las principales son las que consideran al Estado como pueblo, al Estado como gobierno, al Estado como territorio y al Estado como poder.
a)El    Estado como pueblo:  Como la totalidad de individuos que viven en común se hace patente a primera vista con una realidad muy notoria, se suele estar tentado de equiparar el pueblo al Estado. El estado viene a ser, así, la totalidad de hombres que lo componen. “El Estado somos nosotros” dijo Kelsen definiendo a la democracia que postula el gobierno del pueblo  por  si mismo.
Jellinek ha dicho que  el Estado en la concepción de los romanos se identificaba con  la comunidad de ciudadanos,  era civitas o res publica (comunidad del pueblo). Pero  como vimos antes, esto también puede significar que el Estado es asociación.
Sin llegar a una identidad total del Estado y el pueblo el nacionalsocialismo ha preconizado “el pueblo es el  hecho primario, el que lo engloba todo” (Struckart), de modo que el Estado se define como la forma  del pueblo político (Larenz). A similar confusión arriba Mussolini en su doctrina fascista expresando que en ella el pueblo es el Estado, y el Estado es el pueblo.
b)El Estado como gobierno: La imposición inexorable del poder ha hecho , a veces,  que se deposite en primer lugar el poder estatal en la persona del gobernante, en la expresión física del poder. El Estado, es el gobierno, es el monarca para esta postura. “Todo el pueblo está contenido en la figura del monarca” dijo Bossuet. “El Estado soy yo” como proclamaba Luis XIV.
Es interesante destacar la postura de Seydel, para quien el soberano como dominador constituye el aspecto activo del Estado; pero en su tesis no se llega a confundir al Estado con el gobierno, ya que más bien, resaltándose este último, se concibe un dualismo de soberano y Estado, con una dominación del primero como sujeto y del segundo como objeto.
En algún modo  se puede encontrar un antecedente en la concepción romana que corporizaba el poder en el gobernante; es la idea romana del imperium que, no obstante, no agotaba la realidad del Estado. Esta noción se prolonga  a la palabra alemana “reich” que significa fundamentalmente dominación, según Jellinek, “dominación de un príncipe”. A titulo ilustrativo conviene recordar que los germanos acentuaron también el poder personal, a falta de territorio fijo donde localizar sedentariamente al Estado.
c)El Estado como territorio: si bien no podemos decir que existan teorias que identifiquen al Estado con el territorio, si están aquellas que lo resaltan como nota esencial para hablar  de la existencia de un Estado , relegando al individuo a un plano secundario. Estado, visto de este modo, viene a significar primariamente, un modo territorial  de organización o de convivencia.  Si bien, como anota Jellinek, desde Bodin a Kant ninguna definición del Estado hace referencia al territorio –porque no se lo consideraba elemento integrante del ser Estado-, cabe recordar, siguiendo a Jellinek, la teoría patrimonial de la Edad Media que hizo consistir lo principal del Estado en su territorio,  y derivar en su virtud el poder político de la propiedad del suelo.
d)Estado con poder: toda la obra de Jouvenel sobre  el poder y la historia natural de su crecimiento, es un estudio profundo acerca de la expansión del Estado. Es claro: El estado es dinámico a  través de  la energía que trasunta el poder. por eso cuando el poder aumenta, el Estado se nos filtra por todas partes, empezamos según la frase de Ortega y Gasset , a sentirlo como un aparato ortopédico.
Un antecedente claro se encuentra en la doctrina de Bodin: “El Estado es un recto gobierno de varias agrupaciones y de lo que les es común, con potestad soberana. Pero con  mejor  caracterización encontramos esta tendencia en Bordeau: “Cuando se le reduce a su desnudez esencial, el  hecho estatal aparece como la institucionalización de un poder, es decir como un poder que fundado en el derecho y organizado según normas jurídicas, alcanza una especie de objetividad  y de impersonalización que  lo coloca por encima de sus rivales.  El poder es el epicentro del Estado, el punto  de gravedad de la política.
Teorias deontológicas del Estado:
  Son las que abordan la realidad del Estado iluminándola desde el fin que le asignan. El fin, dicen, es parte integrante de la esencia de todo ser; la causa final se confunde con  la causa eficiente.
Tanto Aristóteles , emplazando al Estado en el orden natural de la convivencia , y en  último término , en  la naturaleza humana,  como Santo Tomás, añadiendo el  aporte cristiano a la filosofía del  Estagirita, han recalcado  la trascendente importancia del  fin  que mueve la colectividad estatal.
La doctrina del bien  común o  de la  buena vida en común pide al Estado para merecer la calidad  de tal,  el cumplimiento de su fin.  
En cuanto a San Agustin, Fernando de los Ríos comenta, apoyándose en la interpretación de Figgis, que no consubstancializa Estado y justicia,  por lo que la justicia no es esencial – en su pensamiento- para que exista Estado.
Enrolando a Cicerón en esta tendencia eticista, Sabine expresa que el Estado es una comunidad moral, un grupo de personas que poseen  en común el Estado y su derecho. “A menos que el Estado sea una comunidad para fines éticos, y a menos que esté unido por vínculos morales, no es,  como dijo San Agustin, nada sino un “bandaje a gran escala”.
En realidad, casi no hay doctrina que no  incluya en su definición del Estado un elemento teleológico o finalista. Por ejemplo la tesis de la institución, que en su enfoque social incorpora la noción de finalidad. Pero en el pensamiento liberal que se estructura en el Estado moderno volvemos a encontrar la pretensión de negar la calidad de estado a aquellas organizaciones que se apartan de  los fines postulados por la misma escuela liberal. Solo ven la calidad de Estado, en la sociedad civil que realiza los valores liberales de la libertad e igualdad.  Un  claro ejemplo es el art. 16 de la Declaración de Derechos y Deberes del hombre y del ciudadano, la cual señaló que donde no están asegurados los derechos individuales ni determinada la separación de poderes, se entenderá que se carece de constitución.
Teorias Jurídicas del Estado:
  Estas teorias, contemplan  la naturaleza jurídica del Estado, la ordenación que el derecho le depara. Se pretende captar al Estado con un método de pureza desligado de toda conexión , con lo político, lo deontológico, conceptualizándolo jurídicamente. El Estado aparece aquí como un ente  que le debe su vida a las normas, y que no corresponde a realidad extrajurídica alguna. “La presunción de que el Estado es una criatura de derecho y no debe  estudiarse como un  hecho sociológico o como bien ético, sino en términos de competencia jurídica y de derechos-el juridicismo- apenas había existido en  el pensamiento griego; había sido parte intrínseca  de la teoría política desde la época romana hasta  nuestros días” (Sabine). Los fundamentales enfoques   que se han hecho desde esta posición son:
a)El Estado como orden jurídico: Hans Kelsen ha sido el máximo expositor  de las teorias jurídicas sobre el Estado. Depurando del Estado todo elemento axiológico, sociológico o político. Parte de que el Estado es la personificación del orden  jurídico total. Privado, así de existencia real, disuelto en un sistema de normas jurídicas, el Estado equivale  a derecho. Estado y derecho son lo mismo, porque es sólo expresión unitaria del complejo de esas mismas normas, la unidad personificada del orden jurídico. El derecho tiene un ámbito espacial y personal de validez: la esfera espacial corresponde al territorio  del Estado  y la personal a su elemento humano o pueblo. Todo esto es Estado de derecho conforme a esta postura.  La teoría del Estado, el  derecho político, desemboca pura y simplemente en la teoría del derecho. En tal sistema toda persona es considerada un centro de imputación de normas parte del orden jurídico. La personalidad jurídica  “Estado” es la totalidad de ese orden.
b)El Estado como relación jurídica: la tesis sociológica que descubre en el Estado una dualidad de gobernantes y gobernados, sirve de base a la que lo  reputa como una relación jurídica entre esos dos sectores. Jellinek  indicó que el Estado existen gobernantes y gobernados, y en sus relaciones mutuas nos parece hallar  lo que como Estado reconocemos.
En el derecho inglés se mantiene el dualismo medieval rex y regnum. Se concibe al Estado como relación entre los órganos supremos (Corona,  Gabinete, Parlamento) o entre el Rey y el Pueblo, pero no existe una síntesis, porque al derecho inglés le falta la noción de Estado como persona jurídica porque esa personalidad es asumida y encarnada por la Corona. La Corona y sus súbditos forman una corporación compuesta (García Pelayo).
La forma de existencia jurídica es la personalidad jurídica , lo que equivale a afirmar que el modo de existir que tienen los hombres o los  agregados humanos es la personalidad jurídica , es decir lo que los hace sujetos pasibles de imputación de normas. En esta postura no interesa la realidad sociológica infrajuridica, a la cual se superpone la dimensión especial de la personalidad de derecho, no importa si detrás de esta máscara hay o no sustrato social que le sirva de soporte. Es suficiente la creación técnica para investir al Estado de derechos y obligaciones. Es lo único que debe estudiar el jurista. La personalidad del Estado no es una formación  natural , es decir que no  preexiste a toda organización constitucional y no resulta de las propiedades originarias de las colectividades nacionales, sino que es una consecuencia del orden jurídico cuyo establecimiento coincidió con la aparición del Estado.
En resumen la diferencia de la presente teoría con la que reconoce la personalidad jurídica del Estado nada más que como  una construcción  jurídica añadida a una realidad social preexistente, radica en que  una niega toda la personalidad del Estado hasta que el  orden de normas le da esa investidura, mientras la otra afirma una realidad subyacente que no es creación del  derecho, y que se recubre después de personalidad jurídica para poder emplazarse en situaciones jurídicas.
c)El Estado como patrimonio de afectación: Existe otra teoría sobre las personas jurídicas que con algunas variantes en  ciertas expresiones, coincide en afirmar que tales personas no son más que patrimonios adscriptos a un  fin, o afectados a un  fin. ese patrimonio sin sujeto es ficticiamente personificado en una unidad jurídica, que es la persona jurídica. El Estado entonces no es nada más que uno de esos patrimonios de afectación.
Esta distinción fue realizada por Berthélemy, quien dijo textualmente “Cuando digo que el estado es una persona moral no quiero expresar más que lo siguiente: los franceses son colectivamente propietarios de bienes y titulares de derechos…colectivamente, es decir todos ellos, considerados como siendo uno sólo”. Equivale a afirmar que los franceses, en conjunto, constituyen un único sujeto de derecho: el Estado Francés.
d)El Estado como unidad jurídica: Mientras que Jellinek y también el pensamiento escolástico, han considerado que la unidad de Estado -  como la de todas las asociaciones- está dada por la unidad del fin que agrupa a la pluralidad de hombres , otros autores  han puesto de relieve un tipo especial de unidad estatal, que es la jurídica; o sea la que está dada por el ordenamiento jurídico. Este modo especial de unificación ha sido señalado con acierto por Carré de Malberg. Pero es claro que con ello no  se ha querido reducir toda la esencia del Estado a una pura unidad jurídica, sino sólo cargar el asiento sobre este modo especial  de ser que tiene el Estado, como síntesis unitiva.
Tal doctrina presta atención fundamental, dentro del concepto jurídico de Estado, ala unidad que logra por el orden jurídico que lo rige.  No es la unidad teleológica o de fin, sino la unidad que realiza la estructura jurídico positiva. La organización jurídica del Estado es la que logra a esa síntesis.  Aun más, Sampay advierte que la génesis de ese Estado, se confunde con ese orden, cuya base esta en la constitución “sólo a partir de su organización jurídica, la comunidad deviene en Estado”. Es esa misma unidad obtenida  por  el orden y la organización positivos, la que va a servir de soporte para que el Estado unificado sea un sujeto de derecho. La unión de los individuos – dice Carré de Malberg-, se encuentra organizada sobre la base de un estatuto. En virtud de esa formación jurídica se produce una síntesis en la organización estatutaria “que realiza a la vez la reducción de las voluntades individuales en una voluntad unitaria que ha de  ser la de la  colectividad…Es, pues, realmente por su organización unificante por  lo que la colectividad se halla erigida en un sujeto de derechos”.
Quizás en la misma doctrina escolástica, algo de ese pensamiento no resulte extraño a su tradición. En efecto, aun si agotar la realidad del Estado en el  hecho de su unidad jurídica, y sin tal vez, siquiera resaltarlo como lo más importante, la escuela cristiana ha considerado que la  causa formal del Estado es el orden traducido en una organización   jurídica. La forma del Estado, como enseña Sampay, es el orden de la multitud ciudadana, y  como no  hay orden sin ordenamiento jurídico…resulta que esta ordenación jurídica es una propiedad necesaria de la causa formal del Estado…”Donde también el orden dado por el ordenamiento jurídico es el que organiza “ordena” y unifica formalmente el Estado.
Teorias Políticas acerca del Estado:
   Muestran al  Estado como una formación de orden político, o sea,  como  una entidad especifica  de la vida social que está políticamente organizada. Entre sus enfoques tenemos los que consideran al estado como soberanía,  como empresa política, como régimen, como  decisión y como personificación de la nación.

a)El Estado como soberanía: se enrolan en esta concepción porque la soberanía nace como un concepto netamente político para pasar posteriormente a ser jurídico (Jellinek). No vamos a explayarnos puntualmente aquí sobre el tema, que lo estudiaremos adelante. 
Pero debemos advertir que la posición del Estado como soberanía califica al primero como autoridad superior, la más alta , la originaria, en cuanto no tiene otra sobre si ; y a la segunda como principio de unidad del orden  estatal, en un primado del ordenamiento político. Es quien cualifica al poder , y hace que no se dependa de nadie.
La cualidad de  soberanía se elabora conceptualmente después de una oposición del poder político con otros poderes sociales – religiosos, económicos, etc- cuando el poder político no reconoce a otro como superior, se erige como soberano frente a todos los poderes que tiene delante de sí. La soberanía “como negación  de toda subordinación  o limitación del Estado por cualquier otro poder (Jellinek) nos muestra la faz política del Estado, nos da su esencia política.
Algunos autores han hecho uso de tal doctrina. Loyseau en 1609 en su “Traité des Seigneuries” indicó “que la soberanía  es la forma que da origen al Estado, y así se ve que incluso son sinónimos el  estado y la soberanía tomada in concreto, y al estado se le llama así porque la soberanía es el limite y cúspide del poder en el que es necesario que el Estado se detenga y se establezca”. Esmein, por su parte, sostiene que “lo que constituye en derecho a una nación es la existencia -  en esta  sociedad de hombres- de una autoridad superior a las voluntades individuales. Esa autoridad se llama soberanía…el fundamento mismo del derecho político consiste  en que provee a la soberanía de un titular ideal que personifica a la nación.  Esta persona moral es el Estado, que se confunde así con la soberanía, siendo esta su cualidad esencial”.  En concreto, personificando la soberanía, Pasquier  ha escrito que “la palabra soberano se empleaba comúnmente para todos los que ostentaban las primeras  dignidades de Francia, pero  no en absoluto, la hemos aplicado con el tiempo al primero de todos los primeros, quiero decir, al rey”
b)El Estado como empresa política: en el Estado no se ve más que una cooperación planificada , o sea un quehacer común que los hombres se proponen y emprenden para alcanzar un fin. Esta operación  o quehacer colectivo es una empresa. La Empresa se define  como “un comportamiento de cooperación entre dos o más personas, según un proyecto,  que hace del operar común, una unidad de organización” (Juan F. Linares).
Pues bien la política es la actividad en que esa empresa consiste; es la actividad plenaria constituida por las conductas de los gobernantes que  formulan el programa a seguir, por las conductas de los súbditos que las cumplen, y por la lucha sobre el poder, etc.  La amalgama de estos comportamientos sociales es la política total en movimiento. Y esa política es el  Estado. Mientras que la teoría jurídica Kelseniana, igualaba Estado y Derecho, esta identifica Estado y política. El Estado es política porque es la empresa en acción. La serie de acciones humanas que se cumplen en ese proceso o praxis de la empresa, se imputa o se atribuye a un centro  ideal, que es el Estado.
“El Estado no es sino la política jurídicamente personalizada, de una comunidad como empresa o unidad de organización permanente” (Juan F. Linares). El Estado, entonces, es la sucesión de actos políticos, es la política en acción, la dinámica de una operación colectiva en la que intervienen gobernantes y gobernados. “El Estado, escribe Heller, es cabalmente, su devenir a través de actos de decisión política constantemente renovados, es su devenir en la lucha política entre poderes reales de la voluntad”.
Así como las concepciones no sustancialistas de la persona humana hacen del hombre nada mas  que una síntesis subjetiva de actos psíquicos-síntesis que  carece de realidad objetiva- , esta teoría del Estado como política lo priva del substrato social y humano para diluirlo en un proceso de devenir de ser algo cuyo “ser” consiste en “hacerse”.
“La teoría de la integración” de Rudolf Smend postula que el Estado se manifiesta en una serie de actos particulares de vida externa (leyes, actos diplomáticos, procesos judiciales, actividad administrativa) y que sólo existe en esos actos (García Pelayo). “Este proceso que forma la sustancia de la vida estatal, es decir, estas actuaciones de una realidad espiritual, es designado por Smend como “integración”. El Estado “es” en la medida que se integra y se construye en los individuos y desde ellos, ese acontecimiento permanente constituye su esencia social espiritual (Conde). La  realidad del Estado radica en su integración, en ese proceso que se desarrolla en la comunidad política. El Estado se hace, se estructura permanentemente en los hombres, desde los hombres y por los hombres. la esencia del Estado , se agota en su dinámica, no hay pues una real unidad política. Veamos como lo explica Sampay, en ocasión de esclarecer lo dicho por Smend “El Estado es…un querer incesante, una realidad espiritual que se renueva permanentemente con la participación y la adhesión de todas las conciencias que, en cuanto se proponen finalidades comunes y se orientan en un mismo sentido, representan la propia realidad del Estado, expresada en actos y funciones”. Por esta visión esencial, el Estado se da como algo que existe y vive solamente un proceso de continua renovación, en un  nuevo  revivir duradero”. “El Estado, entonces, sólo tiene realidad porque se “integra” de modo duradero en las voluntades concertadas  de sus miembros, su realidad nace  de la unión, constantemente renovada de éstos”.
c)El Estado como régimen: estima que en el orden dela realidad , de lo existencial o fáctico el Estado es un orden de repartos , de conductas ejemplares  repartidoras, es decir , una ordenación de conductas que  se cumplen para repartir o asignar a los hombres bienes y males, potencia e impotencia , derechos y obligaciones, que deben compartir  en la convivencia  social. El orden de los repartos  se constituye por un lado por el plan de gobierno, y por el otro , por la ejemplaridad de los repartos, dice W. Goldschmidt. Pero conviene apuntar que , dentro de su teoría el Estado aparece como régimen dentro del orden de conductas , siendo además una persona jurídica en el orden de las normas.
d)El Estado como decisión: ya  vimos enfoques que han considerado el Estado primordialmente como poder,  y a otros que lo han equiparado a la soberanía. Dentro del panorama político hay una posición que caracteriza al Estado como “unidad de decisión universal en un territorio determinado” (Smend). Es a Carl Schmitt a quien se debe la elaboración más fina de la teoría del decisionismo como reacción contra el racionalismo,  que apriorísticamente pretendió encerrar al Estado, a su  vital dinamismo político, en cálculos  fijos y anticipados dentro de un complejo normativo. Acentuando una matriz voluntarista, Schmitt destaca en el Estado la imposición de un orden por la voluntad de quien lo crea desde una instancia decisorio suprema. Esa voluntad política preexistente decide acerca de la forma y el modo de la unidad política del Estado. Mediante la decisión política fundamental el pueblo adopta una actitud política unitaria.  Mediante la decisión política fundamental el pueblo adopta una actitud política unitaria. La decisión es el motor, el punto de impulso del Estado. La decisión no se agota en el primer momento de ejercer  el poder constituyente originario, sino que sobrevive a toda la etapa política  de la  vida estatal, en cada ocasión en que debe adoptarse una decisión en conjunto,  en cada caso extremo o  estado  de excepción.  En cierta forma, la posibilidad de adoptar  las decisiones supremas se equipararía  a la cualidad de soberanía, la decisión seria equivalente al poder de mandar en última instancia, es decir el poder de fundar algo concreto. La voluntad política decisoria es la soberanía. De este modo el Estado no es algo estático, sino dinámico: un poder político que, a través de  decisiones, impone un  orden.
Entroncado en dicha posición  con los enfoques realistas de las tesis sociológicas está Carlos S. Fayt quien explica  que para la misma “sólo existen hombres, unos pocos de los cuales tienen el poder en sus manos, ejercen mando y exigen obediencia. Sus decisiones constituyen el derecho, pues se imponen a los demás regulando el comportamiento colectivo. El que  decide en última instancia es el titular efectivo de la soberanía y del poder público, que en realidad se identifica con el sujeto que toma las decisiones últimas”. “Ya no se trata de una apropiación absoluta e indivisible del poder; pero sí de una decisión en última instancia, de un poder arbitral que resuelva aquellas contradicciones que no pueden soslayarse  en la vía sutil  del acuerdo y  el juego de las facultades de “estatuir” e “impedir”  con que los poderes se contrapesan” (Sanchez Agesta).
También Herman Heller, no obstante admitir un proceso dinámico en el Estado,  cree que en éste  se mantiene una unidad a través de la actividad de los hombres. En el Estado hay un orden. “La decisión nace en un orden y recae en un orden (Conde). Y  ese orden se  hace exigible, se torna normativo, la decisión se plasma en una norma, no es pura voluntad  o puro arbitrio como en el pensamiento  de Schmitt.
e)El Estado como personificación de la Nación: Mientras la tesis jurídica sobre la personalidad jurídica del Estado lo proclama como sujeto de derecho investido de capacidad por el sistema de normas, esta otra sostiene que el Estado es la personificación de la Nación. La incorporación de esta teoría debe hacerse mediante una doctrina política   y no una doctrina  jurídica.  no se  afirma aquí que la personería emane del orden jurídico, sino que opera “per se” políticamente en la identidad entre Estado y Nación. Lo que  personifica al Estado es la nación misma estatalmente organizada.  El Estado no puede adquirir su existencia como persona fuera de la nación. La nación convierte en persona al Estado, la nación, visto así no es uno de los elementos constitutivos del Estado, sino que es por excelencia, el elemento constitutivo del Estado en cuanto se  identifica con él (Carré de Malberg).
Para comprender el alcance de esta teoría política , fijémonos en su opuesta – que es la verdadera- que considera al Estado como un ente absolutamente distinto de la nación , afirmando que la nación no es persona , y que el Estado no personifica a la nación, sino que es persona moral y jurídica por si mismo.
El Estado debe ser aprehendido como en síntesis de todas estas visiones:
     Muchas de las teorias que acabamos de ver tienen un contenido aprovechable; el error de algunas  es su panorama parcial, que descuida elementos importantes, como la jurídica cuando da la espalda a lo social y lo político, o las del positivismo sociológico cuando niegan lo jurídico.
a)Es imposible descarnar al Estado de la realidad social que es su sustrato. El Estado no es pura norma, puro derecho, pura decisión, y pura soberanía. Los hombres que conviven distribuidos por escisión  del mando en gobernantes y gobernados; las relaciones entre ambos; el suelo o el territorio, etc. , son aspectos de los que es imposible desentenderse, y  que no pueden ser reducidos a meras dimensiones de derecho. Decir, por ejemplo, que el territorio es nada más que el ámbito espacial  de validez del orden jurídico estatal, o que la población es solo el conjunto de hombres que constituyen la esfera personal de validez de ese mismo orden, es emitir un juicio parcial.
b)Pero  esta asociación no es estática, no tiene  un ser concluso , inerte, clauso. Es Dinámica dentro de un orden, de una unidad. Es Empresa. Se hace un poco cada día. “La organización, como régimen político, es el mecanismo en juego continuo  por el que se gobierna a un  grupo determinado” (Carro Martínez). Y entonces  vemos al Estado como régimen, como futuridad y como plebiscito cotidiano. El Estado sólo tiene existencia en cuanto es actual, y esta actualidad la alcanza únicamente en cuanto actúa, es decir en cuanto de modo permanente e ininterrumpido realiza  una serie de actos. En el momento en que tales actos dejan de tener lugar, cesa de ser una realidad para convertirse en un tipo histórico de Estado.  La unidad del Estado no es pues, unidad estática, sino una unidad que existe en cuando  que constantemente deviene (García Pelayo). Aquellos hombres, aquel grupo de comando y aquél otro de los gobernados, no están evidentemente en reposo. Sus relaciones no se dan de una vez para siempre, como si fuese un esquema fijo.  Se trata, usando expresiones de Jouvenel, de un concurso durable, de una “composición” de voluntades que debe tener el carácter de un edificio; el sostenimiento del edificio  se convierte entonces, dice el autor citado, en una obra cotidiana: la conservación es más difícil que la construcción. Por eso , el mismo , dice “vale más representar la sociedad como artificial que llamarla natural (en el sentido de espontánea) porque solamente de esta forma se puede hacer sentir que su mantenimiento y desarrollo exigen arte. He aquí la política” (Bertrand  de Jouvenel).
c)Tenemos pues, hasta ahora, lo social y lo político. Avancemos otro paso más. El Estado, como toda la comunidad humana, tiende a un fin. Los hombres no obran porque si, sino respondiendo a motivos más o menos conscientes, atraídos por los objetivos, en torno a ideas directrices. Pero ese fin no debe ser cualquiera, sino aquél que surge de la esencia misma de la asociación: procurar lo que los hombres no pueden alcanzar por sí solos ni en sociedades menores. He aquí lo deontológico, la valoración que nos dice cual debe ser el fin del Estado.
d)Por último , toda esta estructura de hombres que obedecen a otros hombres , y que con la meta de un fin forman una comunidad que se exterioriza e integra en un proceso político , es una síntesis o unidad, es  algo más que la pluralidad de individuos agrupados, que el hecho de la dominación  entre gobernantes y súbditos , que la sucesión y yuxtaposición de actos  políticos, que la empresa colectiva. Todo eso es necesario, pero aún así no es todo para el Estado. La unidad indispensable sólo le puede sobrevenir al Estado cuando es considerado como institución o persona moral- repárese en que decimos persona moral y no persona jurídica-. es cierto que la unidad del Estado sólo existe mediante la pluralidad de individuos que la componen y en la pluralidad de ellos, pero sin embargo , esa unidad se diferencia de los individuos que  la integran (Jellinek). Gierke considera, con acierto, que hay un sustrato social o personalidad colectiva real a la que el derecho añade como reconocimiento la personería jurídica. o sea que la persona jurídica es un recubrimiento que el derecho depara a una realidad social subyacente y anterior. “El Estado es comunidad de hombres, dominada por la idea de un fin superior que es la causa de su unión y que determina sus estatutos respectivos en el seno del sistema social”. (Dabín).
Si dijéramos que el Estado es nada más que una pluralidad de hombres , o una serie de relaciones interindividuales , lo privaríamos de unidad, reduciendo – como apunta Dabín- lo social a lo individual cuantitativo, sin ningún otro elemento  cualitativo. El Estado , es cierto que no es totalmente independiente de los hombres, pero tampoco es absorbido por ellos, los supera objetivamente, aunque sólo subsiste mientras tiene el substrato humano que lo apoya  a modo de presupuesto fáctico de su existencia. Por un lado, “cuanto hay en la sociedad vino de individuos y en ella se desinvidualiza para hacer posible nuevos individuos. Lo colectivo, pues, es algo intercalado entre las vidas personales, que de ellas nace y en ellas desemboca” (Ortega y Gasset).  Por otro, la idea directriz, la idea de obra que Harriou ha puesto de relieve en la “teoría de la institución”, se reinterioriza, se integra, se incorpora en el grupo. La institución trasciende a los individuos, adquiere independencia, objetividad, duración “representa un centro de actividad distinto de los individuos  que la forman” (Recasens Siches). Ese ser Estado como distinto de la suma de los individuos es la persona colectiva, la persona moral, la institución unificada e incorporada. La personalidad moral es una conclusión de la ciencia social, la cual aparece como sujeto derecho al que el sistema de normas  mediante la técnica jurídica depara un reconocimiento especial que es la personalidad jurídica. o sea que la persona moral surge del seno mismo de la institución , como fenómeno social, como realidad moral ; en cambio ,  la persona jurídica adviene a posteriori como elaboración del derecho positivo.
Lo que desde ya conviene destacar es que el principio de unidad no torna al Estado un ser orgánico o sustancial. En el cuerpo moral,  ha señalado Pio XII, en la encíclica “Cuerpo Místico de Cristo”,  el principio de unidad no es más que el fin común y la cooperación común de todos en ese mismo fin por medio de la autoridad social.